No dejo de pensar, estos días de verano, con la mayor afluencia de visitantes y turistas, en la imagen que ofrece nuestro río a su paso por la ciudad. Contemplo con incredulidad un cauce lleno de maleza, selvático, como un campo abandonado a las afueras de la localidad, pero con más suciedad y basura. Un paisaje a medio camino de lo natural y lo urbano, deteriorado, dejado de la mano de Dios. Todo lo contrario de lo que sucede en otras ciudades, que viven de cara al río y disfrutan de una arteria natural que humaniza y embellece la vida de la ciudad.

Lo cierto es que nunca he visto una dejadez tan deplorable en ninguna de las ciudades por las que me muevo con frecuencia. Zaragoza ha convertido el Ebro, a su paso por la ciudad, en un gran parque. Algo parecido ha hecho Lérida con el Segre. Huesca ha reformado el cauce del Isuela para adecentarlo en la zona de la universidad y, aquí al lado, Monzón ha logrado que el Sosa discurra entre zonas verdes restauradas y caminos transitables.
En Barbastro, sin embargo, sucede justo lo contrario. Aquí el Ayuntamiento presenta el estado de abandono del cauce del Vero como una decisión técnica. Como si la maleza tuviera vía libre entre el hormigón del encauzamiento; como si el río no estuviera artificialmente constreñido y encajonado. Deben de estar muy equivocados en Zaragoza, Lérida o Monzón con sus parques fluviales, pensarán desde la plaza de la Constitución.
El mantenimiento del Vero a su paso por la ciudad -salvo el tramo que discurre por el barrio de San Juan, que conserva todo su encanto natural- es prácticamente inexistente. Se limita a una siega anual con tractor y a la retirada puntual de algunos enseres y basuras. Corte sin lavado… y hasta el año que viene. Un apaño insuficiente que, además, cada año se retrasa más, ofreciendo una imagen de abandono difícilmente justificable.
El río Vero, a su paso por Barbastro, debería ser una gran avenida verde para disfrute de los vecinos; un espacio naturalizado, abierto a la ciudad. Un jardín desde el que contemplar el paisaje, tanto desde los puentes como a pie de cauce. Nada diferente de lo que ya disfrutan otras ciudades, pero que aquí se antoja imposible de conseguir.





2 comentarios
Es la tarjeta de visita de un político bien remunerado llamado Fernando Torres.
! Ojalá se llamara Ferrán!
Totalmente de acuerdo con este vecino. Tenemos mucho que envidiar a otras ciudades en este aspecto. Deplorable