Si tuviera que explicar qué ha significado este Instituto para Barbastro en una sola idea, ¿Cuál sería?
El IES Martínez Vargas ha sido, durante estos cincuenta años, un pilar esencial en el desarrollo educativo, social y económico de Barbastro y su comarca. Si tuviera que resumirlo en una idea, diría que ha sido un motor de oportunidades. Desde 1975 hemos formado a más de 27.900 estudiantes, y esa cifra representa miles de historias personales y profesionales que han contribuido al crecimiento del territorio.

Cada promoción forma parte de la memoria colectiva de la ciudad. Muchos antiguos alumnos trabajan hoy en empresas locales, han emprendido proyectos propios o desarrollan su trayectoria fuera llevando consigo el nombre del instituto. Hemos evolucionado con la sociedad, ampliando nuestra oferta formativa y adaptándonos a nuevas demandas, pero manteniendo siempre la vocación de servicio público y el compromiso con nuestro entorno.
¿Qué cambios ha habido en el alumnado?
Ha cambiado sobre todo el contexto en el que crece. Hoy vive en un mundo digital, inmediato y globalizado, con acceso constante a información y múltiples estímulos. Eso influye en su forma de aprender, de relacionarse y de proyectar su futuro. Sus decisiones académicas son más complejas porque las opciones son mayores y el mercado laboral evoluciona con rapidez.
También ha cambiado su horizonte. Si hace décadas era principalmente local, ahora es claramente europeo e incluso internacional. El bilingüismo y los programas de movilidad han ampliado sus perspectivas. Sin embargo, hay algo que permanece igual: siguen necesitando sentirse escuchados, acompañados y valorados. La juventud mantiene intacta esa mezcla de ilusión e incertidumbre que siempre la ha caracterizado.
¿Qué le diría hoy a la primera generación que cruzó sus puertas?

Les diría gracias. Aquellos alumnos del curso 1975-76, que iniciaron su formación en Automoción y Administrativo, fueron los cimientos de este proyecto. Confiaron en un centro que empezaba y abrieron camino a todas las promociones posteriores.
Su esfuerzo ayudó a consolidar valores que siguen presentes: el trabajo, la responsabilidad y el vínculo con el territorio. Cada generación ha aportado algo, pero la primera tuvo el mérito de iniciar la historia. Me gustaría que supieran que su paso por el instituto dejó huella y que pueden sentirse orgullosos de haber formado parte del comienzo de esta trayectoria.
Un instituto es un lugar donde pasan cosas importantes de la vida. ¿Qué aprenden más allá de las asignaturas?

Aprenden a convivir, a respetar y a escuchar. Aprenden a trabajar en equipo, a asumir responsabilidades y a gestionar la frustración. Descubren que el error forma parte del aprendizaje y que el esfuerzo sostenido es clave para alcanzar metas.
En las aulas, los talleres y con proyectos compartidos desarrollan competencias como la empatía, la iniciativa y el pensamiento crítico. También es el lugar donde toman decisiones importantes sobre su futuro, donde descubren vocaciones y donde empiezan a ganar autonomía. Más allá de los contenidos académicos, aquí se forman como personas.
Su FP es una referencia en la provincia. Es educación Dual y con gran colocación en el mercado laboral, ¿cuál es su secreto?
La clave está en la conexión directa con el tejido empresarial y en la apuesta firme por la modalidad Dual. Nuestra Formación Profesional se organiza en seis familias: Transporte y Mantenimiento de Vehículos; Electricidad y Electrónica; Imagen y Sonido; Industrias Alimentarias; Sanidad; y Servicios Socioculturales y a la Comunidad. Esta oferta responde a necesidades reales del entorno.

El modelo Dual permite combinar la formación en el centro con la experiencia en empresas, facilitando la inserción laboral. La empleabilidad es muy alta en sectores como Automoción, Electricidad, Sanidad o Educación Infantil y Atención a la Dependencia. En algunos casos, el alumnado recibe ofertas antes de terminar sus estudios.
Pero el secreto no es solo el modelo. Es también la actualización constante de equipamientos, la colaboración estrecha con empresas y el compromiso del profesorado. Formamos profesionales cualificados y preparados para adaptarse a un mercado en continua transformación.
Tienen formación bilingüe y participan de proyectos europeos, háblenos de ello.

La dimensión internacional forma parte de nuestra identidad. Llevamos más de 25 años desarrollando enseñanza bilingüe en francés, participamos en programas BRIT y ofrecemos el Bachibac en Bachillerato, que permite obtener doble titulación española y francesa.
Además, participamos activamente en Erasmus+. Gracias a ello, el alumnado de Formación Profesional realiza prácticas en empresas de otros países y el profesorado participa en movilidades formativas. Estas experiencias mejoran la competencia lingüística, amplían horizontes y fortalecen la autonomía y la visión global del mundo laboral.
Para nosotros, la internacionalización no es un complemento, sino una apuesta estratégica por ofrecer una formación más completa y conectada con Europa.
¿Cuál es el mayor reto al que se enfrentan?

Educar en un contexto cambiante y digital sin perder la dimensión humana. Debemos ayudar al alumnado a gestionar la sobreexposición a estímulos, a desarrollar pensamiento crítico y a mantener la motivación.
También tenemos el reto de adaptarnos a un mercado laboral en constante evolución, marcado por la digitalización y la Inteligencia Artificial. El desafío es enseñar a utilizar estas herramientas como apoyo al aprendizaje y a la creatividad, no como sustituto del esfuerzo personal.
¿Ha notado si el centro se convierte en lugar de refugio para algunos jóvenes?
Sí. Para algunos alumnos y alumnas el instituto es un espacio seguro donde encuentran estabilidad, escucha y referentes adultos. Somos conscientes de esa responsabilidad y trabajamos para cuidar tanto la enseñanza académica como el acompañamiento emocional y la convivencia.
¿Qué preocupa más al profesorado?
Nos preocupa mantener la motivación y la atención en un entorno de constante estímulo digital. También cómo responder a una diversidad creciente sin renunciar a la calidad y a la exigencia. Existe una preocupación real por llegar a todos y no dejar a nadie atrás.
Cuando piensa en los próximos 10 o 20 años, ¿qué le gustaría que cambiara?
Me gustaría que aumentara el reconocimiento social hacia la educación pública y que contáramos con mayor estabilidad normativa para planificar a largo plazo. También desearía menos burocracia y más recursos humanos y materiales que nos permitan dedicar más tiempo a la innovación pedagógica y a la atención personalizada.

En el centenario, ¿qué le gustaría que dijeran de esta etapa?
Ojalá digan que fue una etapa de compromiso y adaptación. Que supimos integrar la digitalización con sentido pedagógico, consolidar una Formación Profesional sólida y mantener siempre a las personas en el centro.
¿Qué significa para usted dirigir un centro con tanta historia?
Es una responsabilidad y un honor. Supone recoger el trabajo de muchas personas que han construido el instituto durante décadas y tomar decisiones pensando en el legado que dejamos. Es custodiar una historia y contribuir a escribir el siguiente capítulo con compromiso y orgullo.
Si este instituto pudiera hablar, ¿qué cree que diría hoy a sus alumnos?
Les diría que aprovechen cada día, que no tengan miedo a equivocarse y que confíen en sus capacidades. Que el esfuerzo tiene sentido y que el tiempo que pasan aquí es más valioso de lo que imaginan.
¿Qué le piden al Departamento de Educación en su medio siglo de vida?
Pedimos confianza, estabilidad y recursos. Una apuesta firme por la Formación Profesional, actualización de equipamientos, mayor dotación de profesorado y personal de apoyo, y agilidad administrativa. En definitiva, las herramientas necesarias para seguir ofreciendo una educación pública de calidad, inclusiva e innovadora al servicio de Barbastro y su comarca.


