Madrid y Tokio podrían simbolizar la cultura occidental y la oriental, y esos son los orígenes de Mariano Martín y Azumi Nishizawa, el dúo que inauguró el Ciclo Internacional de Órgano de Torreciudad. Esa diversidad no es obstáculo para la expresión musical, como se pudo apreciar en la emotiva interpretación con la que deleitaron al público que se reunió en el santuario.
Además, para Mariano la combinación de flauta de pico y órgano es muy adecuada: «son instrumentos que armonizan muy bien porque generan el sonido de forma similar: el aire atraviesa un tubo (varios, en el caso del órgano) en el que, al chocar con un bisel, produce el sonido». Con una sonrisa cómplice hacia Azumi, matiza que la flauta tiene la ventaja de que es el intérprete el que hace el aporte del aire, y que por eso puede personalizar más la interpretación.
Ambos están de acuerdo en que la música clásica puede aportar a la juventud un enriquecimiento cultural muy necesario en la actualidad. «En las actuaciones se tiende ahora a explicar con más pedagogía lo que el público va a escuchar -explica Azumi-, incluso en ocasiones el intérprete facilita la comprensión de las obras vistiendo con trajes de la época». Mariano cree que la música de moda cumple una función necesaria entre la gente joven, pero percibe muchas veces cierta superficialidad: «Hace falta componer e interpretar buena música, con belleza, con algo que contar, capaz de entusiasmar a los jóvenes. Y para eso hace falta poner corazón y no estar sugestionado por la obtención de dinero fácil».
«En mi país está mucho más extendido entre los niños el aprendizaje de instrumentos como el violín o el piano -afirma la japonesa-, y entre todos tenemos que tratar de evitar que la gente joven asocie música clásica a aburrimiento, porque en realidad es fascinante». Mariano coincide en que la gran música puede llegar a ser muy popular, y pone como ejemplos las grandes obras de Beethoven, Bach, Mozart o Haendel, su compositor favorito.
«Vivo y me considero de El Escorial -explica el madrileño-, pero recuerdo con cariño la temporada que pasé en Monflorite (Huesca) aprendiendo vuelo sin motor, y pienso ir mañana a Ordesa porque guardo recuerdos imborrables de cuando era joven y visité el Parque Nacional, me subyugó su belleza». Por su parte, Azumi se va entusiasmada con la riqueza natural y cultural del Altoaragón y con ganas de volver con más tiempo, pero no quiere dejar de contar lo que más le ha impactado, su experiencia tocando el órgano de Torreciudad: «Más allá de la excepcional acústica de la iglesia, me sentí vibrar en la actuación, me identifiqué con la música que interpretaba en un lugar tan especial como éste, un lugar de oración. Fue algo cósmico, no sé expresarlo de otra manera». Y el público lo percibió.




