Título: Función, norma y valor estéticos como hechos sociales
Autor: Jan Mukarovsky
Editorial: Cuadernos de Plata (El cuenco de plata)
Páginas: 143
PVP: 15 euros.
Según los críticos contemporáneos, si quisiéramos fechar el origen de la estética contemporánea, la Estética del siglo XX, deberíamos optar por la publicación en 1936 de Función, norma y valor estéticos como hechos sociales.
A pesar de que su trabajo intelectual giraba en torno al arte y a su importancia para la consecución de un proceso histórico artístico, en realidad lo podríamos considerar como un intento de redefinir el concepto de Estética tradicional a través de la interacción de la estética con las demás funciones sociales del arte.
De hecho, no solo consideraba lo bello como componente de lo estético, sino que, cualquier manifestación artística que proporcionara un intercambio social podría ser considerado como tal.
Así pues, me atrevo a decir que la definición de estética que Mukarovski defendía pasaba por una finalidad social, estableciendo un paralelismo entre su trabajo como lingüista y como crítico, con una defensa a ultranza de la estructura y la función. Como función tendríamos la realización del sujeto a partir de la consecución de sus necesidades, o de las que él considerara así.
Digo esto, porque la postura del receptor, quien como diría Octavio Paz cuenta con los privilegios de la vista, es de importancia vital en el acto creativo, ya que nuestro autor no concibe otra manera de ser para el arte sino la de liberar al hombre para que descubra lo alieante del sistema en el que vive y como consecuencia tome conciencia de las posturas que debe adoptar frente a la realidad.
Esta acción, de intermediación, sería la cometida por la función estética.
Gracias a estos cambios de paradigma en cuanto a objeto de estudio se refiere, a partir del siglo XX miraremos con otros ojos la polifuncionalidad del arte y la relación con la libertad creativa que construye con el hombre a través de la práctica social que éste hace de la misma.
De esta manera, la obra de arte no pierde autonomía, pero sí genera una convivencia a su alrededor aumentando las funciones que puede realizar en varios contextos como serían el estético, el social y el ético.
De alguna manera el concepto de estética es el que nos permite ver lo que tienen en común las diferentes categorías entre las que nos movemos, de ahí la funcionalidad del arte posibilitando una relación sujeto-objeto que satisfaga necesidades y enriquezca todo lo humano. De hecho, lo estético como expresión de las relaciones sociales es algo históricamente perdurable.
La función estética en nuestra vida es indispensable para soportarla y además nos da las pautas a seguir en nuestras actividades , pues la estética tiene la capacidad de despertar en nosotros un comportamiento universal frente al arte, de hecho, será lo estético lo que de carácter a los objetos y adquieran un significado inmanente de belleza que solo los más atentos podrán ver, aceptar y comprender la naturaleza sensible, formal y de pleno significado vital.
Porque la relación entre la estética y el hombre va más allá del campo artístico pasando por la espiritualidad del mundo natural hasta la productividad y la practicidad de los objetos cotidianos, por eso podríamos decir que Mukarovsky nos abrió el mundo a la estética abierta, a la conciencia estética plenamente dicho.
Concluyo no pudiendo no decir que es perfectamente extensible este concepto estético a nuestra vida, que en tiempos oscuros, el arte ilumina.
Una luz necesaria para saber dónde están las sombras. La belleza de un teléfono móvil y la de un Modigliani, un poema, una persona, es la misma. Porque el fin de la belleza es emocionar, y de eso, estamos muy escasos.


