Desde niños somos bombardeados con infinidad de mensajes a cerca de cómo debemos ser, cómo hemos de comportarnos, qué es correcto, incorrecto…Muchos de nosotros, en nuestro afán de ser queridos, vamos amoldando nuestra conducta a lo que se espera de nosotros, en busca de una sonrisa, una mirada de aprobación, una muestra de cariño…Es así como sin darnos cuenta, crecemos dependiendo en exceso del exterior; si el exterior me valora, es que soy buen@, si me critican es que hay algo que está mal en mí… Sin cuestionarnos, damos todo esto como válido, incorporándolo a nuestro sistema de creencias, determinando así nuestra manera de mirar y de interpretar la vida.
A medida que damos poder al exterior, nuestro poder interior se debilita y vamos alejándonos de nuestro auténtico Yo.
Desconectados de lo que somos, de lo que sentimos, es fácil perderse en el laberinto del otro: en lo que necesita, en lo que se espera de mí, etc. El miedo en sus múltiples formas se apodera de nosotros: miedo a no se querido, a no ser lo suficientemente bueno, a no ser capaz, a no hacerlo bien, miedo al rechazo, a que se enfaden y me dejen de querer…
En un intento de mantener a raya al miedo, surge la necesidad de control. Así como el exceso de miedo se camufla bajo un deseo de controlarlo todo, la falta de amor se esconde tras un estado crónico de perfeccionismo. Así nos encontramos a personas que buscan el control y la perfección en el cuerpo, en la casa, en el trabajo, en las amistades… Padres o madres que tratan de tenerlo todo controlado y ser perfectos las 24 horas del día y que se castigan por cada pequeño «error».
Nadie nos enseñó a amarnos, a poner límites, a creer en lo que sentíamos a pesar de las críticas, ni a decir no sin sentirnos culpables.
Si sientes que la vida te pesa, comienza a aligerar tu mochila de miedos, de juicios, de exigencia, de culpa y de creencias que no te pertenecen ni te hacen sentir bien. Te propongo que una vez vacía, la llenes de AMOR, de tolerancia, de compasión, de dulzura y de palabras bonitas para ti mism@. ¿Cuesta verdad?
El hecho del cuestionar cada una de tus creencias te puede hacer sentir vértigo, si no eres lo que crees o lo que te han contado, ¿quién eres entonces? A veces es necesario perderse para encontrarse de nuevo; es necesario romperse para comprender que por mucho que dolió, hoy soy el conjunto de todos esos pedacito de mi y que las cicatrices aún me hacen más bell@.
A amarse también se aprende y nunca es tarde para recorrer el camino de vuelta a TI.

