Decimos que la vida es cruel e injusta cuando golpea la mala fortuna, mucho más cuando a alguien le es arrebatada su existencia anticipadamente. Hay quien trata de confortar recurriendo a ocultos y retorcidos designios. Aunque nos desconcierte, la naturaleza es azarosa y se rige por leyes ajenas a cualquier principio moral. Sin embargo, nosotros no. Todos podemos, más bien debemos, perseguir la justicia, también la bondad. Juan Carlos eligió siempre ese camino.
Desde muy joven, él tuvo que asumir responsabilidades que no le deberían haber correspondido, afrontó accidentes y se sobrepuso a enfermedades demasiado tempranas. Lo hizo sin abatimiento, luchando con determinación y hasta con sentido del humor.
No necesitó de esas adversidades para entender el dolor de los marginados y rechazar la incomprensión hacia los diferentes. Se acercó a ellos y les ofreció su ayuda. Lo hizo con un compromiso que no era de cuestación ni de fin de semana, sino real, sacrificado y continuo.
Su dedicación no se limitó a esos ámbitos, sino que se extendió a otros: al deporte, a la juventud, al medioambiente… Juan Carlos asumió para ello responsabilidades sociales y políticas. Lo hizo desde la sociedad civil y desde las instituciones. En ambos casos con entrega absoluta, inteligencia, visión de futuro, sin exclusiones, buscando el entendimiento y sin pretender nada a cambio.
La convicción de que el ciudadano está legitimado para participar activamente en las cuestiones de su ciudad lo llevo a formar parte del Foro B21 desde sus inicios. Entonces pocos querían significarse y algunos veían el proyecto con distancia, indiferencia o incluso desdén. Siempre agradeceremos esa confianza. Sus opiniones aportaron enfoques inteligentes y enriquecedores.
Si gran parte de la vida de cada uno de nosotros son nuestras aspiraciones, tratar de hacer realidad las de la persona que ha desaparecido es, tal vez, la mejor manera de perpetuar su existencia. Juan Carlos Rafel soñó con un Barbastro próspero, respetuoso con el medioambiente, que cuidara su patrimonio, solidario, justo, integrador y que pusiera siempre al ser humano, sin ninguna clase de distinción, por encima de todo.
No renunciamos a ello. Lo merece.


