
El pasado día 2 de noviembre a las 13’30 horas se celebró un acto en memoria de los militares y guardias civiles enterrados en el cementerio, tanto en sus tumbas particulares como en el panteón propiedad del Ministerio de Defensa. En la provincia Huesca hay tres cementerios con panteones militares, Huesca, Barbastro y Jaca donde todos los años se realizan actos a los militares inhumados y que organiza la Comandancia Militar del Ejército de Tierra, es decir, la División “Castillejos” con base en Huesca, que es la que designa a los participantes y en el caso de Barbastro fue el Regimiento de Transmisiones nº 1 el encargado.

Previamente a los actos, la Comandancia Militar preparó los panteones, limpiándolos y depositando centros de flores, que en Barbastro fue la Unidad de Servicios del Acuartelamiento (USAC) “Sancho Ramírez”. Posteriormente, el día dos de noviembre una comisión presidida por el coronel jefe del Regimiento de Transmisiones Fernando Gordo se desplazó a Barbastro acompañado por el Jefe de la USAC «Sancho Ramírez», la Teniente coronel Jefa del Batallón de Transmisiones II/I, el capellán de la Brigada Aragón, Ángel Briz, varios oficiales y suboficiales de ambas unidades, un piquete de honores, un cornetín de órdenes, tres guiones de la Unidad, varios componentes de la Real Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil de Huesca con su presidente, Jaime Marqueta, y vecinos de Barbastro vinculados al Ejército y a la Guardia Civil.

Los componentes de las comisiones militares y de la guardia civil formaron frente al panteón, comenzando el acto cuando el jefe del piquete dio novedades al coronel que presidía el acto, a continuación, el cornetín dio entrada a la canción La muerte no es el final, tras lo cual se colocó un centro de flores sobre el panteón, el capellán rezó un responso y a continuación el cornetín dio entrada al Toque de oración, y para finalizar, el coronel Fernando Gordo dirigió unas palabras a los asistentes recordando a nuestros compañeros fallecidos que descansan en el cementerio de Barbastro, además recientemente ha fallecido Jesús Galindo, coronel de Infantería, que estuvo destinado en Barbastro y que tan buen recuerdo dejó entre sus compañero y los que hicieron el Servicio Militar bajo sus órdenes.
Otros militares en el cementerio de Barbastro
Se inauguró en 1807 siguiendo las órdenes del rey Carlos III según las cuales, las poblaciones de más de 500 habitantes debían de construir un cementerio extramuros “para erradicar la antihigiénica costumbre de inhumar en los fosales de las iglesias”, por lo que Barbastro construyó uno junto al Camino Real de Zaragoza, cerca del Santo Hospital de San Julián y de Santa Lucía. Posiblemente los primeros soldados enterrados fueron componentes del Ejército Imperial Francés, que durante la Guerra de la Independencia ocupó la ciudad desde marzo de 1809 hasta mayo de 1812 y transformó el Hospital de San Julián en Hospital Cívico-Militar para atender a soldados y gendarmes franceses, algunos de los cuales fallecieron y fueron inhumados en el nuevo cementerio. Posteriormente, durante las guerras carlistas ocurrió una cosa parecida, como en 1837 con motivo de la Batalla de Barbastro o de la Millera, en la que hubo más de mil muertos, que se enterraron en el campo de batalla, pero 78 heridos y 6 enfermos carlistas fueron ingresados en San Julián, falleciendo 26 soldados, un cadete, un capitán y un comandante, que fueron enterrados en el cementerio y en 1848 las facciones de Lamundi y Ramonet entraron en Barbastro y el destacamento de la guardia civil se hizo fuerte en la Casa-cuartel, que estaba en el desamortizado convento de los Padres Paúles, los actuales Jardinetes, hasta que la columna del brigadier Contreras obligó a los facciosos a abandonar la ciudad; los soldados y los guardias civiles salieron en su persecución, muriendo en el enfrentamiento el guardia Manuel Bueno, que está en nuestro cementerio y para concluir este pequeño recorrido histórico, comentar que en 1933, en pleno estado de excepción por la actividad anarquista, murió en un encuentro el guardia Adolfo Pérez Salcedo, que era el corneta, y su tumba se puede visitar todavía.
Acto En el acto del día 2 se depositaron flores en el panteón militar y se repartieron entre los asistentes rosas envueltas en una cinta con la bandera nacional para depositarlas en el panteón o en las tumbas particulares de sus familiares militares, porque es una costumbre muy arraigada en las Fuerzas Armadas españolas rendir homenaje a los caídos, aprovechando grandes formaciones o desfiles, pero no son menos emotivos estos pequeños actos en los cementerios, en los que de una forma discreta participamos unos pocos militares y civiles recordando a nuestros compañeros fallecidos.


