José Luis Pano.
Álvaro Burrell (1969) forma parte de la historia del atletismo aragonés y español y sus éxitos en la exigente prueba del decatlón, como su participación en las Olimpiadas de Barcelona, han contribuido a engrandecer la leyenda de su ciudad, Monzón, como cuna de campeones. Hijo de atleta, fue subcampeón de España en 1989 y campeón en 1990. Fue el segundo español en superar la mítica barrera de los 8.000 puntos y su marca de 8.005, conseguida en 1992, sigue siendo récord de Aragón. Desde 1998 trabaja en la gestión del Patronato Municipal de Deportes de Monzón salvo en el paréntesis en el que fue llamado a Madrid para trabajar en la Secretaría de Estado para el Deporte con el anterior gobierno socialista para después recalar en la dirección general de Deporte del Gobierno de Aragón de Marcelino Iglesias.
P.- Acabada la inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres, será inevitable que su mente se vaya a las Olimpiadas de Barcelona 92.
R.- Pasan los años y cada vez este tipo de recuerdos son menos intensos, pero este año es el veinte aniversario y es una fecha más especial. Me gusta recordar Barcelona 92 no cada cuatro años si no día a día, lo que esos Juegos supusieron deportivamente y como persona. Fue una experiencia positiva y creo que en los tiempos que corren las experiencias positivas tienen que ser las que te hagan sentir a gusto. No hay que vivir de recuerdos, nunca lo he hecho, pero hay que tener presentes las cosas importantes de tu vida. Y para un deportista una de ellas es asistir a unos Juegos Olímpicos en tu país, además con una actuación bastante decente. Es una de mis notas biográficas más fáciles de recordar positivamente.
P.- ¿Cómo fue para un chaval de Monzón de 23 años estar entre la elite mundial?
R.- Fui con muchas ganas de aprender y de hacerlo bien. Fue un decatlón muy duro. Esos días hubo mucha humedad y el horario de competición fue tremendo. Empezamos la competición a las 9.00, por lo que nos habíamos levantado a las 6.00, y llegamos a la villa olímpica sobre las once. Y al día siguiente lo mismo. Hice un estudio estadístico de las marcas que hicieron comparadas con las que llevaban los atletas y yo fui uno de los que menos puntos perdí. Iba con mis famosos 8.005 puntos y terminé con 7.952, cuando muchos deportistas perdieron 300 o 400 puntos. Eso quiere decir que estuve en mi línea y con alguna sorpresa gratificante como el salto de longitud que mejoré casi 40 centímetros de marca. Fui a aprender y a coger experiencia y disfruté de mis juegos, que han sido los únicos, y disfrute de una competición redonda en la que acabe entre los seis primeros. Además mi amigo Peñalver consiguió una medalla olímpica en una disciplina tan dura como la nuestra.
P.- ¿Debió ser el momento más bonito de su carrera?
R.- Sí, junto con el decatlón de Alhama de unos meses antes en el que conseguí los 8.000 puntos y fui el segundo atleta en España en sobrepasarlos. 1992 fue mi año. Ese 8.005, acompañado de familiares y amigos, me dio una seguridad para participar en los Juegos Olímpicos. No sabría decantarme sobre cuál momento fue más bonito si los Juegos por la grandeza que tienen o el campeonato en el que conseguí los 8.000 por lo que supuso psicológicamente y la seguridad que me dio.
P.- Sigue manteniendo el récord de Aragón de decatlón.
R.- Sí, desgraciadamente no ha surgido ningún decatleta que se haya acercado y eso marca el nivel que los decatletas españoles tuvimos de los 90 al 98. Luego ni en España se han acercado a esas marcas. Si los tres decatletas que competimos en los Juegos Olímpicos lo hubiéramos hecho por equipos, como en otros deportes, hubiéramos conseguido medalla.
P.- ¿El decatlón es el rey de los deportes por su dureza y exigencia?
R.- Es un debate de sala de estar de los Centros de Alto Rendimiento. Yo defiendo que el cuerpo humano es el mismo para todos los deportes y cualquier deporte que se practique al cien por cien de exigencia en búsqueda de un resultado deportivo es igual de duro. Me da igual que ese esfuerzo sea intelectual, como el ajedrez, que aeróbico, etc. Cuando una persona se enfrenta a un reto de planificación, de entrenamiento y de conseguir retos es igual de duro. Para mí el decatlón fue complicado porque tuve que buscar un equilibrio entre la fuerza, la técnica, la velocidad y el fondo, pero todo lo que tiene de exigente lo tiene de entretenido. Yo prefiero haber hecho decatlón que fondo y estar todos los días corriendo kilómetros. El decatlón es complicado y muy duro, pero muy gratificante y muy entretenido a la hora de practicarlo.
P.- Otro momento especialmente bonito supongo que sería cuando se inauguró el Paseo de las Estrellas con su nombre y otros olímpicos de Monzón.
R.- Los deportistas de Monzón, los olímpicos y los que no lo han podido ser y los que lo pueden ser, siempre hemos estado muy bien tratados a nivel institucional como a nivel de ciudad. Esto fue un colofón a los microhomenajes que los vecinos de Monzón nos hacían después de cada competición preguntándonos o animándonos. Fue un homenaje muy bonito y aquí ha quedado nuestro particular Paseo de las Estrellas del que no renunciamos a ampliarlo.
P.- ¿Qué siente cuando acude cada día a trabajar al pabellón Los Olímpicos y ve su nombre en el suelo con una estrella?
R.- Salvo en ocasiones contadas en los que tienes que enseñar la estrella a un amigo o explicárselo a tus hijos, en el día a día no piensas en esas cosas. Sólo lo piensas cuando viene algún directivo y tienes que explicar la trayectoria de la ciudad, el tener un pabellón que se llama Los Olímpicos o un complejo de tenis con el nombre de Conchita Martínez.
P.- Supongo que esa gente se preguntará cómo una ciudad de 17.000 habitantes ha conseguido tal ramillete de deportistas de elite.
R.- Aquí tenemos la versión graciosa o anecdótica, pero a mí me gusta hablar de sacrificio, de trabajo, de una ciudad volcada en el deporte. De los ocho olímpicos, menos Conchita, toda su trayectoria procede del Centro Atlético Monzón. Porque incluso los tres esquiadores vienen de una familia del Centro Atlético Monzón. Sus creadores fueron pioneros y tuvieron una gran lucidez a comienzos del siglo, viendo en el deporte un estilo de vida.
P.- ¿Por qué deja el atletismo de competición?
R.- En un momento de mi vida puse en una balanza los pros y los contras del deporte de competición y detecto que esa balanza está desequilibrada. Ya no me llenaba tanto la pelea de ir punto a punto y decidí dejarlo en 1995 y cambiar de vida pero siempre basada en el deporte como disfrute. Hice el servicio militar, busqué trabajo y me reinserte en la sociedad, si es que alguna vez estuve fuera.
P.- De ahí pasa a la gestión del Patronato Municipal de los Deportes.
R.- La plaza llevaba muchos años vacante y se convocó una oposición a la que concurrió mucha gente de España. La conseguí sacar en 1998 y éste es mi centro de gravedad. Estoy muy satisfecho de poder trabar día a día con el deporte de Monzón.
P.- Hubo un paréntesis cuando el entonces Secretario de Estado del Deporte Jaime Lizawesky lo ficha para Madrid.
R.- Es una etapa que ha durado cuatro años y medio. Soy una persona inquieta y allí donde estoy me gusta aportar cosas y colaborar. Al fichaje de Jaime le estaré siempre agradecido porque luego se transformó con Eva Almunia en la dirección general de Deporte del Gobierno de Aragón. Han sido cuatro años muy intensos, muy bonitos y muy duros y para mí han sido muy gratificantes.
P.- ¿Es más duro el trabajo en los despachos o en la pista?
R.- La dificultad de tu trabajo la marcan tus capacidades y la capacidad de hacer equipos. En la pista un atleta depende de sí mismo y su trabajo es directamente proporcional a su marca. En otro tipo de trabajos como el de político o de despachos no siempre se vislumbra y no se siempre se puede poner en valor, esa es la desgracia de este tipo de trabajos que son muy duros y poco visibles.
P.- Desde la atalaya de la dirección general de Deportes, ¿Cómo ve el deporte aragonés?
P.- En el último año y medio ha cambiado mucho y las circunstancias son complicadas. Pero lo que vi en esos cuatro años, en los miles de kilómetros que hice acudiendo a los partidos y manteniendo reuniones con los directivos, es que el deporte aragonés tiene mucha fuerza y no se traduce en el apoyo económico. En Comunidades como la nuestra la fuerza está en la gente que empuja haya o no dinero. He constatado que hay grupos de personas con ilusión que creen en su club y esa modalidad tira para adelante. Esas personas, a veces sin formación pero con grandes ganas, sacan proyectos adelantes.
P.- Dejó la competición pero siempre ha estado ligado al Centro Atlético de Monzón en su lucha por mantenerse en Primera División.
R.- He estad participando con el equipo aportando mis puntos hasta que fui nombrado director general de Deportes. Tras cuatro años sin entrenar ni competir, la edad empieza a pasar factura pero mantengo la actividad física a nivel de salud y de válvula de escape. La ilusión mía y de muchos del club es ese equipo de veteranos que nos obliga a entrenar, a competir pero siempre por disfrutar. Y ya llevamos varios años en la elite de los veteranos. El deporte de veteranos, aunque sea de competición, tiene que ser turístico y de ocio. Es normal que la gente de elite luego siga haciendo atletismo, pero el deporte de veteranos tiene que ser un deporte de salud, de diversión, de turismo y de socialización.




