Antonia Marzal Chapullé, la molinera, como la conocen en Bierge celebró el sábado 25 de noviembre sus cien años rodeada de familiares y vecinos en una comida amenizada por las jotas de Paco Lasierra y ya en el local social con un grupo de mariachis mejicanos que hicieron bailar a la centenaria.
Previamente a la celebración familiar, el Ayuntamiento le realizó un obsequio en nombre de todos los vecinos de la población a la que llegó con 2 años. Nacida en Sesa, es la menor de cuatro hermanos. Su padre era molinero a quien se le encargó la gestión del molino de la central del conocido Salto de Bierge. A los 3 años se murió su madre, y el padre tuvo que hacerse cargo de sus tres hijas y un hijo. “Hizo la vida de antes: ir a lavar al río, a la huerta, cuidar de los cerdos y gallinas, …“, cuenta su nieta Mercedes Ibor. El molino dio paso a la a central hidroeléctrica de Eléctricas Reunidas de Zaragoza que gestionaba su marido y con los años la empresa trasladó la actividad a Sariñena, donde reside Antonio buena parte del año. Tiene una hija, una nieta y un biznieto.
A Bierge, donde conservan la casa familiar, acude todos los veranos, por Semana Santa, por Todos Los Santos y otras fiestas. Antonio se encuentra en buen estado de salud “y se maneja sola. No toma más que una pastilla al día. Ha llevado una vida muy sana, caminaba mucho: para ir a la escuela desde el molino tenía que andar todos los días 2 kilómetros y ha trabajado y ha lavado mucho en el río. Todo ello le hace estar con agilidad. Además, tiene mucha alegría y cuando está con la gente es el centro de la fiesta. Esa alegría y fuerza le hace vivir más. Ha enterrado al marido, al yerno, ha cuidado a la abuela, es una mujer muy fuerte”, reitera su nieta.





