Somos conscientes del tiempo transcurrido desde la conclusión de las intervenciones arqueológicas en la carreta A-1232 Barbastro a Salas. A pesar de que la impactante fotografía que ilustra nuestra portada no es reciente, sí que es actual traerla a colación porque en breve comenzarán las demandadas obras de la travesía, paralizadas desde que en 2019 aparecieran unos importantes restos que obligan a reescribir la historia de Barbastro, que en opinión de los arqueólogos que trabajaron en el yacimiento, Antonio Alagón Castán y Francisco Pérez Guil, podría tener un millar de años más de antigüedad y tener un origen romano en lugar de musulmán.

Pese a la importancia del descubrimiento, Patrimonio del Gobierno de Aragón, con el beneplácito del Ayuntamiento de Barbastro decidieron preservar los importantes hallazgos encontrados: un nivel de época romana, siglo I-III d.C., un arrabal de la primigenia zuda, el convento de los trinitarios -a quién corresponde los cadáveres-, o una parte de la muralla musulmana, que per sé, ya es un Bien de Interés Cultural, según la legislación aragonesa, como recuerda el doctor en Historia Juan José Nieto, único paladín de este patrimonio al personarse en el Juzgado contra la decisión del Ayuntamiento del anterior mandato por soterrar los restos. Cabría preguntarse ¿dónde están las asociaciones que promueven la conservación y el estudio del patrimonio local?

El barrio del Entremuro y grupos políticos como Cambiar o En Común han pedido que se creara un parque arqueológico, que se siguiera profundizando en el origen de nuestra ciudad con catas arqueológicas para estudiantes en verano, o que los propios arqueólogos que han intervenido ofrecieran charlas o visitas guiadas para dar a conocer el hallazgo. Ninguna de estas iniciativas ha sido escuchada.
En este número de RONDA SOMONTANO Antonio Alagón y a Francisco Pérez nos cuentan por primera vez con todo lujo de detalles el resultado de su trabajo. Que sirva al menos de testimonio para que de una vez por todas empecemos a valorar un patrimonio que nos distingue de otras ciudades, nos enseña cómo fuimos y ofrece posibilidades de desarrollo turístico cultural.

El siguiente episodio, si nadie lo remedia, en esta infausta carrera por derruir patrimonio histórico será el antiguo colegio del Pedro I construido en la II República.
Casi al cierre de esta edición, nos llega una noticia del Estado que hace temblar el Somontano, comarcas cercanas y la España rural en su conjunto. La pretendida instalación de parques fotovoltaicos sobre los embalses justificada por la eficiencia energética y la propiedad estatal. ¿Son los pantanos del partido político de turno? ¿Pueden decidir sobre el futuro de las generaciones venideras de una forma tan poco responsable y sin tener en cuenta a la gente del territorio? Existen otras alternativas al problema energético que no tengan que ir sobre las espaldas de la España rural. Puesto que, aunque se enmascara con visos de eficiencia energética, lo que realmente subyace son los intereses económicos de unos pocos a costa de los de siempre.

