La comarca del Somontano tomó ayer las principales calles de Barbastro para asistir a la 498 edición de la feria de la Candelera, una de las más antiguas y populares de Aragón, que data de 1512 cuando la segunda esposa de Fernando el Católico, Germana de Foix, concedió este privilegio en las Cortes de Monzón.
Pasear por las calles de Barbastro se tornó ayer en tarea difícil. El «río ancho», el Paseo del Coso y General Ricardos, fue una marea humana dispuesta a comprar todo tipo de enseres, en especial productos agrícolas como árboles frutales, plantas para la huerta, ropa, embutidos, quesos, jamones, bacalao, y objetos de decoración, mascotas, productos novedosos como un guante para limpiar, música, … Pero también la Candelera es una cita obligada para encontrarse con vecinos del Somontano y otras comarcas que acuden movidos por el ambiente festivo.
«La tradición no entiende de crisis», aseguraba ayer el alcalde de Barbastro, Antonio Cosculluela. Y es que éste año ha sido el de mayor puestos, unos 300, y más metros lineales de comercios, 1240 m2.
Los expositores procedían además de Barbastro, de diversos rincones de Aragón, de Cataluña, Galicia, Castilla León, Valencia, La Rioja, País Vasco, Navarra y Francia.
Entre ellos no faltó el más veterano de todos, Casa Vilas de Graus que acude desde hace cuatro generaciones. «Tenemos una ilusión muy grande por estar aquí. Hace más de doscientos años que venimos, aunque ahora el negocio ha evolucionado pero seguimos vendiendo herramientas artesanales y la gente valora tu presencia», explicaba Luis Vilas.
La gran demanda ha hecho que este año aumente el espacio de la feria, añadiéndose calles colindantes al centro de la ciudad como la plaza San Francisco ya que éste resulta insuficiente para atender todas las peticiones que llegan al Consistorio.
El comercio local también se reivindicó desde una jayma donde repartieron planos comerciales, caretas, caldo y tostadas de aceite del Somontano. «En la Candelera Barbastro se convierte en el centro comercial abierto más grande de Aragón», explicaba Ernesto Cancer, concejal de Comercio y responsables de la Asociación de Empresarios.
Velas y caretas
Uno de los aspectos más emblemáticos fue el reparto de candelas bendecidas y caretas que simbolizan que la luz del día vence a la noche, el fin del invierno y la cercanía de Carnaval. Tras ser bendecidas en la Catedral, el grupo Tradiciones repartió en la plaza del Mercado 3.500 caretas y 7.000 candelas.
Este año la feria tuvo un carácter solidario con Haití. Diversos puestos contenían huchas para recaudar donativos, la Casa de la Juventud vendía camisetas y la asociación Petronila y Cruz Roja repartieron 800 raciones de judías.


