Se oyen una vez más redobles de tambores que anuncian las grandes inversiones realizadas por el Ayuntamiento de Barbastro. Unas por temas necesarios y otras a gusto y placer del partido que gobierna en cada momento.
El golpe de realidad llega cuando nos damos cuenta de que una simple escultura de nuestra ciudad supera con creces la inversión realizada durante muchos años en muchos barrios, sobre todo los más OLVIDADOS. Porque aunque existan sobradas quejas dentro de la población, sólo hay que darse un paseíto por fuera para comprobar, con desánimo, que todo es susceptible de empeorar.
Quizás habéis acabado en sus calles después de un paseo en bici o a pie, visitando a sus habitantes o dando una vuelta por mera curiosidad ya que se encuentran unos kilómetros separados del centro urbano.
Existen, claro que existen. Importan, o al menos deberían.
Burceat es uno de esos BARRIOS OLVIDADOS.
Quizá sea el más pequeño de Barbastro, y aunque para algunos no tenga rédito político tiene los mismos derechos que el resto de barrios de la ciudad. Y el tema ya no atañe exclusivamente al escaso o nulo mantenimiento de unos servicios básicos mínimos, si no que afecta a algo tan importante y esencial como es el agua de consumo y su estado de potabilización.

Instancias, llamadas, quejas, reuniones y promesas. Elevación de la problemática a entidades superiores. Nada sirve.
Hemos sufrido evidencias de cortes de servicio, semanas de turbidez en el agua y pésimo estado de las instalaciones durante ya demasiados años. Tampoco sirve.
Y así estamos, en pleno 2025 con una parte de la población de esta preciada ciudad nuestra que desconfía de la correcta gestión de su agua y que lo ha trasladado a su Ayuntamiento en demasiadas ocasiones.
Dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que no nos avergüenza exponer cómo recibimos el agua del canal y los medios de potabilización de los que disponemos. Básicamente, porque los que deberían sonrojarse son otros.

Un entorno de recepción de agua sin ningún mantenimiento, un depósito con fugas por filtraciones y grietas así como bolsas de tierra colocadas en el caudal para redirigir el agua. Unas instalaciones que hablan por sí mismas y un sistema de potabilización que se realiza desde un cajón oxidado y sin sellar.
No somos muchos votos pero existe una legislación. Se trata de la obligatoriedad de velar por la salud pública y no hay excusas que valgan.
Merecemos un trato digno YA.





