Hola mi queridísimo padrino José Manuel, cuantos años podré aguantar para ver tu cara una vez más. Sé que ahora estás en un tiempo muy difícil desde que la tía Conchita nos abandonó. Pero recuerda que tu ahijado, que soy yo; nunca se olvida de ti.
Recuerdo los momentos que yo he estado en Barcelona. Tú me llevaste por primera vez a dar unas vueltas en el Metro, allí es cuando empezó mi amistad contigo.
¿Recuerdas cuando fuimos al pueblo de tío Félix y me llevaste a ver las ovejas? Como nos miraban, parecía que nos iban a tocar.
Como puedo olvidarte si fuiste tú quien me regaló una Nintendo DS para mi comunión y luego en el día de Pascua me regalaste una tarta de de chocolate. Esas son cosas que nunca hay que olvidar.
Mi querido tío José Manuel quiero que cuando leas esta carta, tengas una vida mejor y encuentres el amor en tu vida, porque te lo mereces y nunca es tarde para quien lo encuentra. Te quiero Padrino.




