Beturian.
Hace pocos días, en un bar al que solemos ir los dos aunque él pasa más tiempo que yo en ese local, coincidí con mi amigo Carlos frente a un par de botellas con – la suya – y sin – la mía – alcohol respectivamente. Al igual que otras veces hablamos de muchas cosas, política, economía, temas locales, chafardeo y chorradas en general. Sabedor de que Carlos , junto con su amigo Paco, son fieles clientes de un bar en Estadilla regentado por unos Kolegas, le dije que ya que estaban próximas las fiestas de ese pueblo subirían más de una noche. Pues no. Este año no iba a poder ser. Coincidiendo con el San Lorenzo estadillano se celebra en Villena un concierto de punk-rock al que se han apuntado los dos, él y Paco. Me comenta Carlos, contento, que posiblemente allí se encontrará con viejos camaradas punkalaris llegados de Pamplona y del País Vasco. Se reía mientras me informaba y doy por hecho, conociendo como se las gasta en este tipo de ceremonias, que esta pequeña embajada barbastrense en la capital del Alto Vinalopó, noroeste de Alicante, se lo va a pasar dabuti aunque a las veinticuatro horas de su llegada no sepan ni donde están, ni porqué están allí, ni cuales son los suyos, ni quién se bebió la leche de la nevera. Aspiran al kaos y lo conseguirán, acabarán petaos y, junto a sus amigos krestalaris iruindarras y del resto de Hego Euskalherría, se van a beber hasta las fuentes del Tajo…..con alcohol. ¡ Ah Villena, tierra de excelente vino ( a más a más ), repoblación aragonesa y estación de AVE en quiebra !, acoge a estos infantes de Aragón, no-donosos y no-galanes, hijos del pueblo de Barbastro que siguiendo la senda marcada por sus antepasados de la vieja y querida Corona de Aragón arriban hasta tí buscando sexo, caña y rock and roll, tirando a bloque, hasta el último espasmo.
No lejos de allí, en Almansa ( Albacete ), lugar poco sospechoso de estar en el circuito del stablishment rockero aunque es la cuna de algún que otro buen músico, firmó su the end, años ha, La Banda Trapera del Río, mítico grupo de Cornellá que, por cierto, en 1978 actuó en nuestra ciudad, en la pista de la S.M.A., dentro de los actos organizados por el Motoclub Pirineos con motivo de su concentración anual y de cuya actuación queda constancia actualmente, durante unos segundos, en internet. Se puede localizar introduciendo en el buscador las palabras » Motoclub Pirineos Barbastro concentración año 1978 «. Impagable. Cuento ésto porque si a Villena llega ahora un festival de punk que nadie crea en fenómenos extraños. Llueve sobre mojado. Y escribo lo de llueve porque en Almansa, Castilla la Mancha, la noche que plegó la Banda Trapera cayó una tromba de agua histórica, allí que escasamente llueve, llevándose el escenario, guillotina portatil incluida, por delante. Avisados estan Carlos y Paco. Una reunión punkera multitudinaria se sabe como empieza pero no como acaba, aunque me dá que a éllos les importa un pepino.
La primera noticia que tuve yo del punk fue estando en la mili, en el almacén de víveres de una compañía de zapadores. Corría el año 1976 o 1977. Me llamó la atención el fenómeno mientras hojeaba una revista musical y estaba apoyado en unos sacos. Se definía al punk y a sus seguidores como una ideología nueva, rebelde, transgresora. Trascendía de lo puramente musical, de su repugnancia por el rock sinfónico ( Yes, King Crimsom…) del hard-rock aburguesado ( Led Zeppelin, Deep Purple, Uriah Heep..) del hippismo con derecho a decidir (entonces eran hippies, ahora son la casta ). Venían a decir que todo era una mierda ( ¿ estarán en la verdad ? ), falso, hueco, de cartón piedra y podrido por el dinero. A ver si va a resultar ahora que, en el fondo, Pablo Iglesias y Podemos ( podría ser el nombre de un grupo musical ¿ no ? ) son unos punkarras sin saberlo y con votantes. Pero va a ser que no. Seguramente el tiempo que tarden en integrarse en el parlamentarismo de nuestra democracia formal. Entonces será » Capri c’est fini «.
Carlos y Paco van a lo que van. No son unos predicadores ni unos teletiendas, no piensan en hipotecas ni son politicamente correctos, no son consumistas ni planifican un futuro que, sencillamente, es inaprehensible. Son, como muchos – ya no tan jóvenes – de su generación unos supervivientes. Sólo quieren divertirse, pasarlo bien, viviendo y dejando vivir, sin llamar a ese mal tiempo que ya llega sólo sin que se le grite o se le silbe. No les gusta lo que ven. No creen lo que les cuentan. No parecen muy dispuestos a seguir el guión. Por esa senda ya saben que tendrán que pagar un peaje en la vida, pero viven-sobreviven haciendo lo que les gusta. Hoy toca punk, mañana salir al monte ( Paco se raja más ), pasado ir a la fiesta de algún pueblo a la salida de cualquier trabajo – como no- en precario. Con las chicas van y vienen. Es su forma de relacionarse. Son buena gente pero no dan el perfil exigido por el sistema. Cambian su bar de Estadilla, fiestas patronales, por un sarao punklevantino. ¡ Larga vida misaches !.

