Cuando José Luis me pidió que escribiera un cuento de navidad en las circunstancias actuales, me resultó paradójico. A las puertas ya de la venida del Señor tengo que reconocer que su propuesta era del todo sensata. Y vino a mi mente Galael, el «ángel cojo» de la fábula que escribió JL Martín Descalzo. Trataré de evocar también yo aquella noche del 24 de diciembre en este año fatídico.
«Sars, nombre de guerra con el que Dios lo había condecorado, movido por la curiosidad, se ofreció para bajar este año en Nochebuena a la Tierra. Era su primera vez. Los querubines y los arcángeles se lo habían desaconsejado debido a la pandemia que asolaba la humanidad. Lo único que lamentó fue que nadie le dijera ni la causa ni su alcance.
Inseguro e inexperto, antes de vocear a pleno pulmón ‘gloria in excelsis Deo’ por todo el planeta, decidió observar discretamente a las personas. Enseguida adivinó un cierto recelo entre la gente. Aunque la boca la llevaban tapada, sus miradas delataban tristeza y su distancia, desconfianza o frialdad. El gel hidroalcohólico con el que constantemente se frotaban las manos iba arrugándoles la piel y las ventanas abiertas que garantizaban la ventilación iban congelando su corazón.
Sars no entendía cómo algunas personas se pudieran sentir tan solas aun estando acompañadas, y otras, en cambio, se supieran habitadas aun estando solas. A las pocas horas de revolotear por el mundo, advirtió un «virus» extraño. Imperceptible. No estaba ni en las plazas ni en las casas. Anidaba en el alma de su gente. Era una «neumonía» por soledad.
Tuvo la «providente» ocurrencia de susurrar a unos y a otros: ¡Dios quiere nacer en tu corazón! ¡Es Navidad!
Cuando regresó al cielo todos lo aclamaban y lo bautizaron como «Sars-CoV-2»*, «Sars» para los amigos, el «ángel» que combatiendo la soledad había conseguido la vacuna que sanaría la humanidad. Comprendió cómo un corazón habitado por Dios puede alegrar, animar y llenar de sentido y solidaridad la vida de cada persona.
La gratuidad, el cariño, la compañía, la ternura con los más desfavorecidos, el servicio desinteresado, la relación con los demás… sirvieron como antídoto contra la soledad (un corazón deshabitado). Y es que la amnesia de lo eterno (el olvido de Dios y de los demás) había debilitado el sistema inmunológico de las personas, logrando diezmar al mundo.
¡Ojalá que en esta Navidad hubiera alguna persona en cada una de las 254 parroquias de nuestra Diócesis que se ofreciera como «Sars» y la inundara de ángeles que curasen el corazón humano y lograsen que nadie se muriera, enfermara o se sintiera triste, vacío, desorientado o deshabitado!
En esta Navidad, tú puedes ser el mejor antídoto contra la covid-19** siendo solidario y responsable. Gracias por vacunarme con los valores que adornan tu vida y devolverle al mundo la esperanza y la ternura de Dios.
¡Feliz Navidad y mis mejores para ti y los tuyos en este año nuevo!
* Sars-CoV-2: nombre del virus que produce neumonía por coronavirus
** La covid-19: acrónimo del inglés ‘coronavirus dease’




