Uno. Para protegerte a ti y a tus seres queridos. No precisa de más explicaciones.
Dos. Porque las vacunas son eficaces y seguras. Nadie se plantea que le van a fallar los frenos cuando compra un coche nuevo (es estadísticamente excepcional).
Tres. Porque los efectos secundarios son comunes a todos los fármacos y son conocidos. El 75% de los vacunados tendrá algún síntoma leve con la segunda dosis, que puede atenuarse con paracetamol.
Cuatro. Porque nadie quiere seguir con la mascarilla indefinidamente, aunque durante un periodo de tiempo tendremos que seguir utilizándola.
Cinco. Porque nuestro país vive del turismo, del comercio, y nadie podrá ir a comprar libremente, ni visitarnos por el miedo al contagio. Y nadie quiere una catástrofe económica permanente.
Seis. Porque la única enfermedad erradicada en el mundo ha sido la viruela, y fue erradicada porque la vacunación fue obligatoria. También el cinturón de seguridad es obligatorio, como tantas otras normas y leyes sociales necesarias para la convivencia y seguridad.
Siete. Porque el futuro de los jóvenes no existe sin la vacuna.
Ocho. Porque los sanitarios estamos exhaustos y no podremos atenderos con esta misma presión indefinidamente.
Nueve. Porque detrás de la investigación de las vacunas se hallan tanto en las industrias farmacéuticas, como en las universidades, las mentes más inteligentes y lúcidas de la ciencia (y las mejor pagadas). Messi y Ronaldo no juegan en sus equipos por amor al club.
Y detrás de la desinformación y los anti-vacunas sólo está la enfermedad y la muerte.
Diez. Porque queremos abrazarnos, besarnos, darnos la mano y amarnos como antes.



