Por Manuel Rodríguez Espejo, escolapio
Ante el cuestionamiento que se hace en algunos ámbitos sobre si «San José de Calasanz ¿es catalán? Quiero contestar -en su fiesta del 27 de noviembre- este interrogante, acudiendo a las palabras autorizadas del P. Dionisio Cueva, escritor fecundo y serio. En su libro, Calasanz y 25 más, recoge estas palabras del mismo Calasanz: «José de Calasanz de la Madre de Dios, del lugar de Peralta de la Sal, diócesis de Urgel, en el Reyno de Aragón (1622). Y diez años después: Me siento «romano de sentimientos y costumbres, pero aragonés de nación».
Y continúa el Padre Dionisio: «Porque era aragonés, sus condiscípulos universitario de Lérida le eligieron su ‘Prior’. Así lo aseguró uno de ellos, Mateo Gracia, al canónigo Jiménez Barber… Y porque era aragonés fue propuesto para canónigo de la Seo de Zaragoza. Como sabéis, los cabildos aragoneses estaban integrados por sacerdotes aragoneses (hasta el siglo XVIII)… En la lista propuesta (para la catedral del Salvador o La Seo) aparece José de Calasanz, ‘natural de Peralta, junto a Monzón, que está en Roma’. Pero esta Peralta, junto a Monzón ¿pertenecía realmente a Aragón?. Un censal, hecho en Peralta de la Sal el 18 de agosto de 1566, cuando Calasanz tenía 9 años, asegura con toda precisión: Dicho lugar de Peralta de la Sal y sus términos están dentro del presente reyno de Aragón…»
Un nuevo dato aporta el P. Cueva: Con fecha 30 de julio de 1646, la Virreina de Cerdeña escribe a Calasanz: «y queriéndola tener de su Fundador, supe que Vuestra Paternidad era Aragonés». Más argumentos da el P. Dionisio, pero para no cansar al lector/a termino con éste de 1651: «uno de los testigos del proceso de Beatificación fue el ya citado Miguel Jiménez Barber…Sé dónde está el lugar de Peralta de la Sal… este lugar está en el Reyno de Aragón». Y concluye el capítulo con estas palabras: «Aragonés de nación», aragonés de todos los tiempos» (págs. 17-21).
Precisamente de esta última afirmación quisiera transmitir unos mínimos datos: Calasanz fue el primero en abrir el surco. Así lo escribió Juan Pablo II: «abre en su intuición genial un surco fértil en la sociedad, que muchos otros fundadores y fundadoras han continuado y profundizado posteriormente…». Benedicto XV en 1917 dijo: «fue el primero que abrió a la caridad cristiana un nuevo camino, tomando a su cargo la educación gratuita de los pobrecitos, para que no carecieran de instrucción, en un tiempo en que los primeros rudimentos sólo se obtenían con dinero». Pío XII proclamó a Calasanz, en 1948, «celestial patrono ante Dios de todas las escuelas populares cristianas del mundo… (porque) abrió la primera escuela pública de Europa… Otros recorrieron después noblemente el mismo camino, pero él les precedió a todos, humilde y valiente caudillo en esta obra santa…».
Para concluir cito las fechas de los primeros fundadores posteriores a Calasanz en orden cronológico: Juan Bautista de La Salle (1651-1719), que se informa de cómo funcionan las Escuelas Pías de Roma; Guillermo José Chaminade (1761-1850), que trata con los Escolapios de Zaragoza; Marcelino Champagnat (1789-1840); Don Bosco (1815-1888), que en sus viajes a Roma visitó tres veces nuestro colegio Nazareno, fundado por Calasanz (ver págs. 114-115).




