Cuando se cruza la puerta del Belén de Anselmo Suñé e Inma Brau no parece que entres en una exposición, sino en la casa de alguien que te estaba esperando. Ellos se miran, se ríen, se corrigen con cariño. Y todo empieza con una frase sencilla:
“De matrimonio, 35. Y 25 de Belén al público. 25 años que abrimos de cara al público en Barbastro, pero de Belén toda la vida. Antes ya montamos en casa cuando se hacía la ruta de Belenes en las casas”.
Antes de esos 25 años ya había Belén. Había timbres sonando y escaleras subidas a pie “Te llamaban al timbre ‘¿podemos subir a ver el Belén?’”. Era la época en que Barbastro tenía rutas de Belenes en las casas, belenes familiares abiertos a todos. “Antes había una tradición muy bonita”, recuerdan. “Te daban premios en la FERMA. Por belenes a mayor escala, en metros, … Había mucha participación. El Ayuntamiento te daba una placa…”. Y tres placas premiadas tienen, pero ellos no querían competir. “Los últimos años como ya nos superamos en muchos metros, lo único que le pedíamos al Ayuntamiento era que nos dejaran presentar pero sin ir a concurso. Porque claro, había gente que hacía sus belenes más modestos en casa, y preciosos, pero que decían que no podían competir con lo que nosotros presentamos. Y así lo hicimos los últimos años”.
Con el tiempo, su casa se quedó pequeña. En los primeros años, el Belén se instaló en la ermita de Santa Ana, en la plaza del Mercado. Allí les llevó Satur Arilla, entonces presidente de la Asociación de Comerciantes, que sabía que tenían una colección de belenes que no habían sacado al público, fruto de un coleccionable. “Satur lo sabía y nos pidió, ahora hace 25 años, que lo montásemos y expusiéramos al público en la ermita”. Tres años después, dieron el salto a la calle Campo y luego a la calle Boltaña. “Ahí ya empezamos a hacerlo en formato grande”.
Siempre, siempre juntos. “Siempre ha sido entre los dos”, dice Anselmo. Ella asiente. A veces se suma algún amigo para mover estructuras grandes y, en los momentos clave, las hijas. Pero el corazón del Belén son, literalmente, sus cuatro manos, como bien simboliza el cartel que este año, como todos, ha hecho una de sus hijas.
La raíz viene de la infancia. Inma viaja atrás sin esfuerzo “Desde cría, en casa de mi abuelo se montaba un Belén pequeñito. El día 22, cuando nos daban vacaciones, íbamos a montar una mesita pequeña con el Belén”. Cuando los abuelos faltaron, el ritual siguió cambiando de lugar, pero no su esencia “Mi madre ponía el árbol, y debajo se ponían las figuritas de barro que quedaban”. “En mi casa siempre ha habido tradición”, resume.
En la de Anselmo, igual “Conservo el Belén de plástico de toda la vida, lo tengo todo guardado. Mis padres montaban en casa siempre un Belén, en un tablero, con la leña, el musgo…”. Y esa es la esencia que han querido conservar: “El estilo tradicional, con el musgo, la toza, la leña, el agua”.
Por eso, cuando hablan de “su” Belén, lo definen sin dudar, “es un Belén tradicional, pero con guiños de aquí” las cepas que recuerdan al vino, el olivo en un año en que el aceite ha recibido denominación, la huerta de Barbastro, los tomates rosas que están aún “en elaboración”. Y, como en tantos nacimientos de siempre, figuras que quizá no existían en aquel tiempo, pero que forman parte de la memoria “La matacía del cerdo siempre ha habido …”, comentan. Pero a la hora de montarlo “No nos gusta ni que se haga de día ni que se haga de noche. Que sea como cuando teníamos diez años y lo montábamos en casa. Que recuerde a la infancia, que nos lleve a esa época tan dulce como es la Navidad la infancia”.
La entrada en la Ruta del Belén de Aragón llegó en 2011 y abrió otra puerta. Antes les visitaban sobre todo vecinos de Barbastro, con la ruta llegan muchas visitas de fuera. “De Barbastro te puedo decir que aún hay gente que no la ha visto, pero de fuera sí; sobre todo de Zaragoza viene mucha gente. Estamos muy contentos la verdad. Se ha hecho un eco ya de cómo es nuestro belén y la verdad que gusta muchísimo”. Calculan “alrededor de las dos mil visitas” al año, explican con agradecimiento.
El Belén ocupa hoy “65 metros cuadrados de plataforma, sin contar la altura de la montaña”. Este año han sumado algunos metros y el que viene quieren terminar de engrandecerlo, siempre dentro de los límites del local. Entre figuras y elementos “hay más de 300 figuras de Belén, seguro”. “Llega un momento que pierdes la cuenta. Vas a una feria y siempre picas algo ”, dicen. Algunas las ha pintado ella “Algunas están pintadas por mí”. Otras llegan ya terminadas porque “con dos manos solos es imposible” y porque para pintar tampoco hay tanta variedad en el mercado explican.
No solo hay figuras. Hay casas que se van fabricando, detalles que se añaden año tras año. Y siempre, una batalla técnica “el agua. Y una vez que veo que no hay pérdidas llega la siguiente, la electricidad, lógicamente, porque todas las figuras de movimiento y todas las casas alumbradas tienen su misterio”, nos cuenta Anselmo.
Junto al Belén principal, una pequeña vuelta al mundo en nacimientos de distintos países y materiales. “Son de diferentes partes del mundo, de diferentes materiales y son diferentes formas de representar un nacimiento. Con cualquier cosa muchas veces ves que se puede hacer un nacimiento”. Muchos se los han traído, otros los han traído ellos de fuera. Algunos les conquistaron por lo que cuentan, otros por lo que hacen sonreír. “Los pingüinos mismos son graciosísimos. Pone que son del Polo Norte, pero en el Polo Norte no hay pingüinos, pero bueno”, dicen entre risas.
Cuando se les pregunta por lo que guardan en el corazón de estos 25 años, no hablan de metros ni de cifras. Hablan de personas. “Lo más bonito de todo es cuando vienen familias y ves que disfrutan tanto los pequeños como los mayores”. “Mucha gente nos dice eso, que hemos conseguido hacerles volver a cuando ellos eran niños. Para nosotros eso es lo más gratificante”, explica Inma.
Por eso, la entrada sigue sin precio. “La mayor satisfacción es que no cobramos nada. Tenemos una hucha, lógicamente,quien quiera que eche y el que no, que no pasa nada”. Lo que les llena es otra cosa: “La mayor ilusión es cuando la gente viene y le ves esa alegría, y te preguntan cosas … y que salgan con esa sonrisa” nos cuenta Anselmo
Al preguntarles si lo volverían a hacer la respuesta es sí “quizás lo haríamos de otra forma, porque detrás hay mucho sacrificio”. “Todo ha salido del bolsillo de casa”, reconocen. “Hemos estado muchos años que no nos han dado nunca ni subvenciones ni nada, pero nosotros teníamos esa insistencia de que volvíamos al año siguiente”. Más de una vez se han jurado un descanso “Mucha veces hemos dicho al acabar, el año que viene no lo hacemos. Pero dos meses antes ya estamos planificando denuevo”. Porque además
supone no hacer vacaciones, viajes, estar siempre al pie del cañón. “Estamos aquí. Es un servicio público”.
Solo en los dos últimos años han puesto un límite: “Llevamos dos años, por primera vez en veinticinco años, que tanto el día de Nochebuena como el día de Nochevieja no abrimos”. La razón es sencilla: “tenemos familia. Y somos dos ”. Algún día puntual, cuando están con el grupo Tradiciones cantando villancicos, son las hijas quienes abren el local. Pero Nochebuena y Nochevieja ya las han decidido reservar para los suyos: “también merecen tener su espacio y su tiempo”.
Este año, la inauguración del Belén fue el sábado 29, a las seis de la tarde. “Inauguramos, aparte del Belén tradicional, la Ruta del Belén de Aragón en Barbastro ese día y la clausura también se hará aquí”. La inauguración de la Ruta “es una manera de ir haciéndonos hueco, que vaya oyendo. La Ruta llega desde la Jacetania y Boltaña hasta Alobras que es de los últimos pueblos en Teruel, es para darle la visibilidad que merece.” A la inauguración, que este año es en Barbastro dadas sus Bodas de Plata, vendrá “el presidente de la Federación de la Ruta, José Ángel Baches, de Esplús. El Obispo este año no puede estar, pero mandará un sacerdote para hacer la bendición”. Y Fernando Torres, el alcalde, “tiene carta ancha para invitar a todo el que quiera”. La Ruta del Belén de Aragón es “del 6 al 6. Del 6 de diciembre al 6 de enero”. La componen “unos 35” belenes y del Somontano participan “Lagunarota y nosotros”.
Sobre el futuro, responden con la misma sinceridad con la que han ido contando todo lo demás “Nosotros, mientras podamos… Pues esto nunca se sabe”.
Lo que sí saben es que el local en el que estamos se compró por y para el Belén. “Este local, este año es el noveno año. Nueve años que compramos este local para montar el Belén”. El cartel de la entrada lo resume mejor que cualquier frase: “Este año la significación del cartel es que son las cuatro manos que normalmente montan este Belén. No hay más, son las suyas. Somos dos”.
Y, al final, la invitación de siempre, que suena a casa abierta y a Navidad de las de antes “Que los esperamos a todos el 29. Chocolate con bizcochos, como todos los años, moscatel y villancicos de Tradiciones”.




