Los que ya tenemos una edad recordamos que esta Transición nuestra se hizo con la buena voluntad de legalizar el PCE un día de Semana Santa, o de conseguir que Fraga y Carrillo se sentaran a una misma mesa. Se construyó también con la firme decisión de enterrar un pasado lleno de aristas que todavía pinchaba demasiado en aquel presente balbuciente. Aquí hubo una ley de amnistía general que enterró para siempre a los muertos y a los fantasmas. Solo cerrando los ojos a esa parte de pasado pudimos avanzar. Y así, desde esos tácitos silencios hemos construido esta sociedad que, aunque corrupta, es democrática.
Y si apelo al espíritu de la Transición no lo hago para sumarme al carro de aquellos que desde el noreste piden una nueva Constitución, no, estoy pensando que quizá ha llegado el momento de escuchar en serio –todos los presidentes de gobierno lo han hecho en negociaciones secretas, hasta el mismo Aznar que ahora tanto vocea- a aquellos que quiere renunciar definitivamente a su pasado, a aquellos etarras que reclaman desde las cárceles su voluntad de integrarse entre todos.
Yo soy de aquellos, ¿ingenuos?, que todavía creen en el diálogo como medio de construcción social, creo en una amplia mesa –mejor si está bien fornida- en que quepan todas las voces. Ese espíritu de concordia es lo que tendríamos que haber aprendido de nuestra Transición, no podemos decir “no” por sistema sin antes escuchar lo que nos quiere decir el otro. ¿Cómo vamos a llegar a acuerdos si convertimos el diálogo en monólogo e imposición?
Y comprendo la actitud de los familiares de las víctimas, pero la represión franquista ¿no dejó profundas heridas y zanjas abiertas que hubo que cerrar a la fuerza?, ¿no es la mejor enseñanza de Mandela, quien sufrió más que nadie encerrado y vilipendiado durante décadas, que el revanchismo no es la mejor solución para construir un proyecto?, ¿qué hubiera sido de Sudáfrica si Mandela hubiera sido un revanchista? El dolor que causó la barbarie fue, y es, pero aquellos que murieron son las víctimas inocentes que cualquier conflicto genera. Quizá ha llegado ya el momento de mirar hacia el futuro y dar otro paso adelante, quién sabe si el último y definitivo para que las pistolas se oxiden en un almacén de chatarra.

