Sergio Brau
Que el fútbol no es justo lo comprobamos día a día en cualquier campo de nuestra geografía, pero el sábado, fue un ejemplo tan claro de ello, que hasta un niño de parvulario, sabría decir que el Huesca mereció ganar.
El Salamanca, que sólo se asomó al área de Cabrero en dos ocasiones (la carambola del gol y una en el minuto 8 de la primera parte, donde Miguel García cabeceó completamente sólo a gol pero en claro fuera de juego), se llevó un botín demasiado valioso para sus méritos si los comparamos con los de los azulgranas.
Los de Onésimo, despertaron tras el susto, y empezaron a crear fútbol, cosa que no pararon de hacer hasta los minutos finales: Gilvan por la izquierda, y Jokin y sobretodo Molinero por la derecha, se hartaron de servir balones a Roberto y Camacho. Sastre, recuperó el brillo de antaño y completó un partido de los de antes con pases y buen fútbol, y el Huesca comenzó a acercarse en el marcador.
Roberto tuvo una muy clara que parecía que entraba, y Molinero, probó suerte con un chutazo que no entró por poco.
El descanso fue un consuelo para los unionistas, y una desgracia para los oscenses, que vieron cortado su ritmo de juego, o al menos eso parecía.
Pero no habían transcurrido ni dos minutos del reinicio, cuando de nuevo Molinero, obligó al meta visitante a emplearse a fondo para enviar a córner otro misil envenenado.
La entrada de Galán por Marcos, evidenció las ganas de Onésimo de ir a por el partido, y tuvo el Navarro dos de empujar que no entraron porque le faltó decisión y acierto para dirigir bien su remate.
A pesar de acusar el mazazo del injusto gol, el Huesca se repuso y un cabezazo de Roberto, estuvo muy cerca de significar el empate, pero la tarde estaba negativa con el Huesca y el balón no quiso entrar.
En las postrimerías del encuentro, en un lamentable lance del partido, propiciado por un teatrero más que por un futbolista, Juanjo protagonizó un nuevo bochorno cuando teatralizó una inexistente falta que acabó con la segunda amarilla para Echaide.
La definición para este sujeto no estaría exenta de tales calificativos, si la semana anterior, no hubiera hecho lo mismo con un jugador del Nástic al que provocó la roja directa. Jugadores como Juanjo, no dignifican la profesión de futbolista.
El Huesca terminó despedido con una gran ovación por la afición a pesar de la derrota, pues los aficionados entendieron, que todo el empeño y el esfuerzo puesto en el campo, bien merecía el premio del aplauso aunque no se hubiera transformado en la merecida victoria que el equipo hubiera debido obtener.



