Cada vez hay mayor coincidencia entre los expertos en que los territorios esencialmente rurales y con alta dispersión demográfica pueden tener ahora su oportunidad.
Si es así, y no hay por qué negarlo, la sociedad y el tejido empresarial de nuestra provincia tienen un reto por delante. La provincia de Huesca cuenta con unas buenas condiciones de partida en cuanto a infraestructuras, entorno natural, recursos energéticos y posición geoestratégica, así como con una estructura económica diversificada y unos recursos humanos suficientemente cualificados para que miremos con optimismo realista la salida de una situación tan compleja como la actual. Además, la provincia tiene varias bazas que puede ejercer de factor de seguridad como son los espacios abiertos de nuestros entornos naturales y alojamientos no masificados.
Se dice que la actual crisis sanitaria y sus repercusiones deben significar un cambio que lleve a repensar territorios como el nuestro, desde la perspectiva de que las pequeñas ciudades y el campo no solo ofrecen esporádicas oportunidades laborales o alternativas de descanso fuera de las grandes urbes, sino oportunidades laborales sólidas y atractivas tanto en formato tradicional como basadas en el teletrabajo.
Esa cada vez más evidente que el teletrabajo ha venido para quedarse y que la comunicación telemática en el medio rural ya no es una hipótesis sino una realidad, si bien es mejorable. En zonas de difícil accesibilidad por infraestructuras de transporte es posible la conexión con el resto del mundo de manera permanente. Es importante que las administraciones inviertan en la mejora de la conectividad para fomentar el teletrabajo desde el mundo rural y atraer talento. De la misma forma, la teleformación ha demostrado que la formación en todos los niveles puede llegar a los rincones más recónditos.
En definitiva, vivir en el medio rural ya no debe ser es un factor de aislamiento.
En estos momentos se están redefiniendo algunas actividades que pueden permitir consolidar las actividades existentes o atraer otras nuevas que faciliten la diversificación del tejido productivo de los pequeños municipios. En esta época de fronteras, se pone en valor el mercado agroalimentario de proximidad. Por otra parte, el sector socio-sanitario surge como un sector económico clave cuyo modelo se está redefiniendo en favor de formatos y condiciones en las que el entorno rural puede tener su espacio. Y, por supuesto, el turismo rural debe apostar más si cabe por la calidad y por seguir siendo una garantía de seguridad. Sirvan estos ejemplos para ilustrar esa realidad.
Se están produciendo cambios en el medio urbano que hacen que se vuelva a mirar al campo porque cada vez es mayor el convencimiento de que se vive mucho mejor, se es más feliz o se tienen las mismas o más oportunidades si se dispone de los servicios necesarios.
La provincia de Huesca debe afrontar sus problemas, que son muchos y que han sido abundantemente analizados, y convertirlos en oportunidades para lo que es imprescindible creerse las opciones de desarrollo de los territorios, las pequeñas ciudades, las comarcas y los espacios rurales.
Alguien decía que las ciudades son las hijas de la aldea pero se han olvidado de su madre. Quizás ha llegado el momento de que se vuelvan a acordar de ella.
Pero para que todo esto sea posible, la política de estado para la despoblación, para el reto demográfico, para el medio rural precisa de un impulso decidido. Se ha hablado mucho sobre qué hacer, se han elaborado muchas estrategias, pero no se ha afrontado el problema con la determinación que los territorios despoblados y sus habitantes se merecen. Ya va siendo hora de que el medio rural pase a formar parte de los asuntos prioritarios y se deje de medir de una vez y para siempre su importancia en función del escaso número de electores que lo habitan.

