El nuevo obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez, recibió el domingo por la mañana el cariño de cientos de montisonenses que llenaron la concatedral de Santa María del Romeral para asistir a la primera misa que el prelado ejeano impartía en la capital mediocinqueña.
Monseñor Pérez se mostró cercano con simpáticos gestos hacia los niños que lo recibieron en la entrada del templo con rosas blancas para darle la bienvenida. Momentos antes, el obispo fue recibido por la alcaldesa y miembros de la Corporación municipal, el párroco José Luis Pueyo y los responsables de la Guardia Civil y Policía Local en el Ayuntamiento.
La alcaldesa Rosa María Lanau recordó la entrañable anécdota de la visita por sorpresa que realizó hace unos días cuando todavía era obispo electo al visitar el centro de educación especial La Alegría, en la que ejerce como directora. El obispo aseguró ayer haberse sorprendido del trabajo que se realiza con este colectivo de personas con discapacidad intelectual severa y por el cariño que desprenden.
Monseñor Pérez escribió en el Libro de Honor unas palabras mostrando su entrega hacia todos los montisonenses y deseando «estar a la altura de cada uno de los vecinos de Monzón». La alcaldesa le entregó una litografía que plasma una antigua imagen de la ciudad «para que cuando te levantes veas Barbastro y Monzón». A este respecto, monseñor Pérez bromeó contando la anécdota del obispo de Mérida – Badajoz al que le preguntaron dónde vivía si en Mérida o en Badajoz. «Dijo que vivía en el guión porque normalmente voy siempre de un lado a otro. Así que a mí también me encontraréis en esa rotonda que va hacia Monzón y Barbastro».
El prelado aseguraba ayer que los primeros días como nuevo obispo «me los imaginaba de mayor tensión y están siendo justo lo contrario. Al día siguiente al preguntarme dónde iba a celebrar mi primera misa como obispo, don Alfonso me dijo que fuera al Pueyo y fue providente. Ofrecí mi ministerio episcopal a los pies de la virgen patrona de toda la diócesis, la virgen del Pueyo. Y después he ido con don Alfonso recorriendo todas y cada una de las comarcas. Al principio es una empanada mental la que lleva uno, pero luego vas percibiendo que hay mucho y muy bueno para poder trabajar».
El obispo ya tuvo encuentros con la comunidad sacerdotal y los salesianos pero ayer fue su primer toma de contacto con los fieles montisonenses. A ellos les pidió en la homilía: «que sean fosforescentes, es decir que iluminen con luz propia. Que esa luz que llevan dentro la hagan visible».



