Antes de que la pandemia lo relegara todo a un segundo plano, la Transición Ecológica y la lucha contra el Cambio Climático eran unas de las principales cuestiones en el debate público. Conforme avance el proceso de vacunación y consigamos aplacar las consecuencias derivadas de la Covid-19, éstos volverán a ser sin duda asuntos mollares en el debate pero también en la gestión tanto pública como privada, que más que nunca deben ir de la mano. De hecho, una encuesta realizada por el PewResarch Center el pasado mes de septiembre establecía el Cambio Climático como la principal preocupación de la población en países como España, Francia e Italia, con un 83% respectivamente.
La Transición Ecológica y todo lo que ella supone (mejora eficiencia energética, generación energía renovable o economía circular) será el principal destino de los fondos europeos procedentes GenerationNext UE, ya que absorberá más de un tercio de los 140.000 millones de euros que recibirá nuestro país en los próximo años. Tanto la Comisión Europea como el Gobierno de España establecen un importante aliciente que debe servir de palanca de cambio para adecuar nuestro sistema productivo y mejorar las condiciones del mercado laboral.
Energía e industria siempre han recorrido caminos paralelos, los avances energéticos han supuesto mejoras industriales y esta ocasión no debe ser diferente. Pero también es cierto que históricamente la producción energética se llevaba a cabo en las zonas que reunían las características apropiadas para después consumirla en zonas industrializadas. Este es/era un modelo en el que la riqueza y el empleo, se generaba allí donde se consumía la energía. Algo que sabemos bien en el Alto Aragón, donde hemos visto como la energía generada en las centrales hidroeléctricas del Pirineo contribuía al desarrollo de las industrias catalanas o vascas.
Pero la evolución tecnológica permite que las nuevas fuentes de energía (principalmente renovable) se instalen cerca de las industrias, incluso en las propias plantas de producción. El autoconsumo debe permitir a las empresas mejorar la eficiencia energética, de los procesos y en definitiva reducir los costes de producción que se traduzcan en mejoras en la competitividad. Esta evolución, además de incrementar la potencia instalada de fuentes de energía renovable también permitirá la creación de nuevos modelos de almacenamiento y distribución que indudablemente crearán nuevas cadenas de valor. Modelos sin duda más sostenibles, pero también más eficientes y productivos. Esta realidad permitirá crear puestos de trabajo que deberán ser ocupados por trabajadores formados para estenuevo escenario. De ahí que sea fundamentalorientar el sistema educativo hacia profesiones de futuro y mantener políticas activas de empleo ágiles, que permitan reciclar a las personas desempleadas hacia estos sectores.
El desarrollo de nuevos modelos energéticos permitirá también la creación de una nueva cadena de valor industrial. Tecnologías como el hidrógeno (en toda su amplitud) serán un vector de desarrollo en los próximos años. La Comisión Europea ha trazado un plan hasta 2030 para que nuestro continente sea el líder mundial en este sector y, si bien es cierto que se trata de una tecnología en fase de desarrollo, el impulso y los recursos permitirán recorrer este camino con mayor celeridad. Desde la producción a través de fuentes renovables, el almacenamiento o el destino para procesos industriales o relacionados con la movilidad tendrán un gran impacto en nuestro modelo productivo pero también en nuestras vidas. Debemos ser capaces de liderar el desarrollo de una tecnología vital para el futuro, un futuro más próximo de lo que alguno puedan pensar. Es una prioridad para las instituciones y nuestro territorio reúne las características necesarias para ser un referente.La Fundación del Hidrógeno de Aragón cuanta con una experiencia de más de quince años y ha sido la punta de lanza de numerosos proyectos innovadores relacionados con el hidrógeno. Además, nuestra tierra cuenta con un sector empresarial dinámico y comprometido que han de contar con el apoyo público necesario para transformar nuestra tierra.
Pero también debe quedar claro que los fondos europeos no van a regar de manera homogénea todos los sectores o zonas de nuestro país. Los fondos irán dirigidos a proyectos transformadores que mejoren la productividad, sostenibilidad y resiliencia de nuestra economía. Entre todos (instituciones, sociedad y sector empresarial) debemos ser capaces de afrontar esta nueva realidad con mayores garantías y aprovechar la oportunidad que se abre con la gestión de estos fondos.

