Escribir es volar. Para empezar, cómprate una pluma, la que a ti más te guste por su color, su forma, su material; comprueba que se adapta al hueco de tus dedos, y elige bien la tinta por la que verás salir, a través de ellos, el color de tu alma: azul celeste, violeta, turquesa… Ya tienes alas para sobrevolar el blanco espacio, sin temor a caídas o borrones, pues, de haberlos, son formas fértiles para tu inspiración: sobredibuja en la mancha lo que tu imaginación vea, ilustrando tu escrito con la belleza surtida del accidente, y no deseches nunca lo manchado. No hace mucho, sobre un chafarrinón me salió un tres, y planeando sobre él comenzaron a brotar a su alrededor trísqueles y flores de tres pétalos, estrellas formadas con triángulos superpuestos, tejados, la tríada del Tiempo en su principio, desarrollo y fin, los tres momentos del Hombre, nacimiento, vida y muerte, la terna de la mente, el cuerpo y el espíritu. Como se acercaba la Pascua, pensé en la Trinidad y en la edad de Jesús, 33 años; en la familia y en el fruto del amor que es todo hijo; pero también, con desolación por la guerra desatada en Irán, me acordé de la tríada moral del mazdeísmo, la antigua religión persa: buenos pensamientos, buenas palabras, buenas acciones. Los rituales de purificación de Zoroastro que recoge el Avesta parten también del tres, como la costumbre de lavarse tres veces las manos para limpiar aquello de lo que uno se ha contaminado. Tres son los estados de la química (sólido, líquido y gaseoso), los elementos de la alquimia (sal, azufre y mercurio) o las referencias cronológicas (pasado, presente y futuro).
Pero volvamos al acto de escribir. Son tres también las claves de una eficaz expresión escrita: claridad, concisión y corrección; tres los géneros literarios, lírico, épico y dramático; es ternaria la arquitectura del un texto, que se estructura en presentación, desarrollo y conclusión; y tres son las personas del verbo que intervienen en la comunicación: los interlocutores tú y yo, y la tercera ausente o referida, tanto en singular como en plural. Una buena trama de un relato suele organizarse en planteamiento, nudo y desenlace, y todo escrito epistolar, vaya por correo electrónico o postal, debería contener en su primera frase el porqué o motivo, en la segunda el quién o remitente, y en la tercera el qué u objetivo de la carta. El tres es el número de la comunicación, de la alegría, de la expresión artística, de la fuerza creadora, de la fertilidad, de la poesía. En el tarot es la emperatriz y en numerología lo encarnan la musa, el artista y el niño alegre.
Y anoto esto, desde una cocina moderna y abierta, diseñada según la “regla del triángulo” que permite una fluida movilidad entre las tres zonas fundamentales de almacenamiento, preparación y cocción, en Andalucía, el extremo sur de mi triángulo vital espacial, cuyos otros dos vértices son Galicia, adonde iré en unos días, y Aragón, donde nací. Y cuando escribo mi pluma me permite, sobrevolando siempre Madrid, ciudad amada, ir del verde enmarañado a los agrestes montes cortados y volver a los frescos surtidores rumorosos de Alyana, que en árabe significa paraíso, y que en antiguo persa, de donde viene el término, era un jardín cercado, protegido, tal vez secreto. Es un jardín lleno de hojas, y de plumas. Y ahora es tu turno: escribe, dibuja los contornos de tu remanso interno, vuela, aventúrate a entrar en ese lugar tuyo de bienaventuranza.
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1 comentario
Susana:
Inagotable surtidor poético.