Ronda Somontano.- ¿Tan buenos son los estiramientos?
Ejercicio y Bienestar.- Además de buenos son necesarios, sobre todo para vivir con bienestar y dejar de comprimirse diariamente.
Por el hecho de permanecer de pie, todos los seres humanos se comprimen poco a poco desde el momento en que dejan de crecer, debido a la presión que ejerce sobre el eje perpendicular del cuerpo la fuerza gravitatoria de la tierra. Así mismo, cuando se permanece sentado esta postura también absorbe mucha compresión, especialmente en la columna vertebral. Esto mismo ocurre con aquellos trabajos que implican mucho esfuerzo físico o las personas que practican deporte de manera cotidiana y no tienen la previsión de estirarse ni restaurarse después de la práctica.
RS.- ¿Qué implicaciones tiene esa presión gravitatoria sobre la salud humana?
EB.- Es prácticamente imperceptible al principio, pero con los años esta compresión se va acumulando en las articulaciones, de modo que los cartílagos que posibilitan un adecuado proceso articular poco a poco se van deshidratando, pues al estar tan comprimidos no le llegan los fluidos corporales que normalmente los hidratan. Con el tiempo los cartílagos se secan y van perdiendo su funcionalidad por lo que las articulaciones se congestionan y comienzan a doler. Si no se hace lo posible para que estos cartílagos se vuelvan a hidratar lo más probable es que se acaben necrosando, es decir, muriendo. Entonces los dolores ya son insoportables y la única opción paliativa es la intervención quirúrgica para instalar una prótesis e ingerir anti inflamatorios de manera regular.
RS.- ¿Todo este deterioro articular puede evitarse con los estiramientos?
EB.- Si las personas adoptan desde jóvenes la sana y necesaria costumbre de estirarse después de comprimirse, probablemente no se llegue a un proceso degenerativo articular grave como el que actualmente padecen muchísimas personas que ya tienen cincuenta años o más.
RS.- ¿Algunas personas consideran que ya tendrán tiempo para estirarse cuando sean mayores o incluso ancianos?
EB.- Esto es un gran error producto de una falta de cultura física que lamentablemente se ha ido instalando en la sociedad. La compresión articular se va acumulando lenta pero inexorablemente de manera que cuando antes empiece una persona a descomprimirse mucho mejor.
RS.- ¿Qué estiramientos conviene realizar?
EB.- Cada persona sabe mejor que nadie qué estiramientos le conviene realizar cada día como una higiene personal necesaria, así como después de realizar un esfuerzo, de estar sentado más de una hora seguida o de practicar deporte. Al estirar se compensa lo comprimido.
RS.- ¡Pero la gente dice que no sabe, por eso se apuntan a un gimnasio!
EB.- ¿Quien ha enseñado a un bebé recién nacido, a un perro o a un gato a estirarse? Se puede observar que se estiran de manera natural y armónica cada vez que se despiertan o se incorporan. Este es un recurso de la motricidad natural que acompaña a todas las personas desde el momento de nacer, es nuestra gran riqueza.
RS.- ¿Qué recomendar a las personas que dicen no saber estirarse?
EB.- Que se centren en sí mismas tumbadas en el suelo prestando atención a su respiración y cuando se sientan ensimismados que empiecen lenta y tranquilamente a estirarse como un gato, como un perro o como un bebé, concentrando su atención en aquellas articulaciones y cadenas musculares que perciban más comprimidas, congestionadas o con algún dolor. Permitir que el maestro interior de cada cual guíe el proceso, escuchar atentamente lo que manifiesta el propio cuerpo y tener plena confianza en la vida.
RS.- ¿Cómo, cuánto y con qué intensidad hacerlo?
EB.- Depende de la situación concreta de cada caso. Si una persona lleva una hora conduciendo o frente al ordenador sentada, bastará con un estiramiento de unos breves minutos, de pie o incluso sentado. Si ha estado montado sobre una bicicleta, caminando, corriendo o picando en la huerta durante varias horas, probablemente necesita estirarse en el suelo al menos durante una hora, hasta percibir una restauración completa de su cuerpo. Hay que concentrarse en el cuerpo para escucharlo, sentirlo y de este modo saber qué hacer.

