El escultor japonés Etsuro Sotoo, que trabaja desde 1978 en la culminación de la Fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia de Barcelona, impartió ayer una charla en las Jornadas Humanistas de «El Poblado» en El Grado, sobre su trabajo en uno de los templos más visitados del mundo así como los misterios y la destreza del genial Gaudí.
Sotoo habló sobre religión, arte, arquitectura, naturaleza, felicidad y vida, todo ello plasmado en la magna obra del arquitecto catalán, todavía inacabada.
El escultor señaló que tras estudiar Bellas Artes en Japón decidió viajar a Barcelona porque «quería hacer algo grande, no físicamente. Mi objetivo era una búsqueda sobre quien soy. De todos los elementos con los que trabajé en la Universidad la piedra fue el que me atrajo por su dificultad. El ser humano siempre muestra más interés por lo difícil que por lo fácil. Y mi alma estaba encerrada en una piedra y me llamaba. Tenía que encontrarla». Esa búsqueda le llevó hasta las obras de la Sagrada Familia, donde solicitó ser «picapedrero por tres meses. Sabía que en ese tiempo no encontraría mi alma pero algo aprendería». De ahí pasó a ser el escultor de la Fachada del Nacimiento, donde trabaja siguiendo los patrones que marcó Gaudí e interpretando sus órdenes, «que son las órdenes de la naturaleza».
Para este escultor la clave de la grandeza de Gaudí, es que al igual que otros arquitectos su inspiración surge de la contemplación de la naturaleza. Pero a diferencia del resto supo tener en cuenta «las fuerzas invisibles de la naturaleza, el sol, el viento, la gravedad». Sobre todo esta última puesto que «durante miles de años la gravedad fue el gran enemigo de todos los arquitectos. Gaudí entendió que la gravedad estaba dentro de la naturaleza creada por Dios y tenía que ser su amiga. Gaudí no quería dar órdenes a la naturaleza sino obedecerla dentro de ese mundo de fe. Gracia a la gravedad se sostiene la iglesia. Gaudí convirtió en el gran problema de la arquitectura en su mejor amigo», señaló.
Sobre el reto de trabajar a las órdenes de un arquitecto fallecido, el escultor japonés apunta que además de seguir las indicaciones de Gaudí es vital «entender su obra y comprender el sentido de cada escultura». «Gaudí siempre buscaba solucionar tres temas: la función, la estructura y el simbolismo. Se hacía esas tres preguntas pero las solucionaba con una sola pregunta. Eso es lo que quería Gaudí que hiciéramos nosotros».
Otro de los factores que destacó del genial arquitecto fue su «gran inteligencia» al crear una escuela para los hijos de los trabajadores del templo, sufragada «de su bolsillo», que según Sotoo es la clave para que en 127 años no haya habido un accidente mortal. Según el japonés, que los empleados «sean felices trabajando no depende de pagarles más cada mes sino de que tengan esperanza y su esperanza son sus hijos. Cuando iban a trabajar dejaban sus hijos en la escuela y luego pensaban en recogerlos por eso trabajaban con cuidado de no tener accidentes».
Sotoo considera que el templo de la Sagrada Familia es una alegoría «a la felicidad que Gaudí tuvo en su infancia» viviendo en el campo con su abuelo y siempre en contacto con su amiga la naturaleza.




