Hoy traemos otra especie repudiada y que provoca asco, manías y un rechazo total a una parte de la población. Desde hace cientos de años, los sapos, todos ellos inofensivos para el ser humano, han estado rodeados de leyendas totalmente infundadas que han llegado a provocar la muerte de muchos de ellos. Una de las más extendidas es la capacidad que tienen para escupir veneno, algo totalmente falso, ya que ninguna de las especies posee esa facultad.
Uno de los sapos más frecuentes en el Somontano es el Sapo común, pudiendo alcanzar casi 20 cm. de longitud en algunas hembras, siendo el mayor anfibio presente en la comarca. Los machos siempre son de menor tamaño. Tiene un aspecto robusto, con una piel muy rugosa y unas grandes glándulas parótidas oblicuas a ambos lados de la cabeza. Aunque la coloración es muy variable, son habituales los ejemplares con el dorso marrón-castaño, con manchas amarillo pálido, y la parte ventral color crema. Los tímpanos son muy visibles, una característica que no se da en todas las especies, y posee unos llamativos ojos, de iris rojizo o anaranjado, con la pupila horizontal. Las patas traseras tienen unas grandes membranas interdigitales que llegan a cubrirle todos los dedos, no así en las delanteras, que carecen de ellas.

Se reproduce durante la primavera, a veces comenzando incluso a finales de invierno, en balsas de riego, charcas profundas y cursos de aguas tranquilas. La puesta consiste en unos largos cordones con hileras de huevos de color negro en su interior. Cada hembra puede llegar a poner hasta 10.000 huevos. Las larvas o renacuajos son también negras y en pocas semanas realizan la metamorfosis, apareciendo pequeños sapitos de apenas un centímetro.
Repartido por toda la provincia de Huesca, podemos encontrarlo prácticamente en todo el Somontano. Ocupa todo tipo de hábitats, tanto en las zonas más naturales y menos alteradas (carrascales, sotos fluviales, matorrales, zonas semiesteparias, etc.) como en los cultivos de todo tipo, más o menos intensivos. Durante las noches lluviosas de primavera podemos llegar a verlos hasta en el interior de las poblaciones, no solo las de menor tamaño sino incluso en el centro de Barbastro.
Es uno de los anfibios más activos, pudiendo llegar a observarlo durante todos los meses del año si las temperaturas no son muy extremas. Este hecho viene marcado porque soporta temperaturas más bajas que otros anfibios y, aunque realiza un reposo invernal como el resto de anfibios, despierta de su letargo antes que otras especies. Se alimenta de todo tipo de animales de pequeño y mediano tamaño. Los grandes ejemplares llegan a consumir incluso pequeños roedores.
Cuando se siente amenazado suele adoptar una postura intimidatoria, levantándose sobre sus cuatro patas e hinchando el cuerpo, aparentando un tamaño mucho mayor que puede hacer desistir a un predador. Si esto no funciona suelta un chorro de orina, agua, o una combinación de ambas sobre su captor, inocua para el hombre pero con funciones repelentes para sus enemigos. De todas maneras la defensa más eficaz que posee es su veneno, segregado por unas glándulas de su piel y que es irritante para las mucosas de sus predadores. Este veneno es inocuo para el ser humano y únicamente puede causar una ligera irritación si tras tocarlo nos frotamos ojos o boca. Varias rapaces y mamíferos llegan a “darle la vuelta” como si fuera un calcetín para evitar este veneno, devorando todo su cuerpo y quedando solo su piel vuelta. En caso de tragarlo entero, no es raro que lo vomiten al poco tiempo de ingerirlo.
Desde estas líneas queremos recomendar no tocar con las manos sin protección ningún anfibio, no porque pueda ser peligroso para nosotros sino para ellos. Podemos llegar a trasmitirles alguno de los virus conocidos como Ranavirus, que les provoca una enfermedad que llega a causarles hemorragias sistémicas, heridas abiertas, y la muerte de los tejidos de las extremidades. Una enfermedad que están acabando con poblaciones enteras de varias especies de anfibios en extensas zonas. Varias empresas de guías de barrancos ya están desinfectando adecuadamente los equipos de descenso para evitar trasmitir el virus de unas zonas a otras.

