Feriartesanía no defrauda. A pesar de estar camino de las tres décadas de vida, la colección de artesanos de todo el país que logran reunir Balbina Campo y Pepe Noguero sigue siendo una de las mejores muestras de la artesanía hecha en España. Así lo constan los 150 artesanos que acude edición tras edición -el número siempre es el mismo para garantizar el perfecto desarrollo de la feria y muchos son los artesanos que se quedan a las puertas- . Los artesanos procedían de de 44 localidades de 12 provincias españolas y del Principado de Andorra.
Todos ellos elogiaron el trabajo de los miembros de la asociación cultural El Vivero y destacaron a Feriartesanía como una de las citas ineludibles en el calendario nacional.
Su directora, Balbina Campo, aseguraba con satisfacción y orgullo por el trabajo bien hecho que una feria como la que este fin de semana se ha vivido en Barbastro «no hay en España. Es algo que nos dicen los mismos artesanos que no encuentran una feria con estas características igual. Es un trabajo de equipo y hay que quitarse el sombrero ante todos los colaboradores».
Los visitantes también secundaron la feria como lo vienen haciendo desde que ésta naciera en la plaza de San Francisco hace 28 años. El sábado por la tarde cayó una tromba de agua en Barbastro pero aun así el público quiso conocer los delicados e ingeniosos trabajos presentados por los artesanos de la madera, el metal, la piedra, el textil, el vidrio y demás materias primas.
Ayer, con mejor tiempo, el recinto ferial de Barbastro volvió a estar lleno. Entre los visitantes, la vicecónsul de Noruega en Cataluña y Aragón, Ellinore Mussler-Gregersen, que aceptó con gusto la invitación de Balbina Campo. «Son unos artesanos de primera clase, hay muchas preciosidades y no tengo palabras para describir tantas cosas bonitas. Ojalá pudieran venir el año que viene artesanos de Noruega. Tras ver lo que hay en Barbastro puedo contarlo porque aquí hay cosas que pueden interesar a los noruegos, no sólo el vino», afirmaba.
También se acercó el obispo de la diócesis Barbastro-Monzón, Alfonso Milián, gran aficionado a la artesanía. «Es la primera vez que vengo y si no he vendió antes no es porque no me guste esto, porque me encanta ya que yo en mi casa hago mis chapuzas. Me he hecho un salero del Pirineo, una matraca de Semana Santa y me he torneado todos los barrotes de mi fachada, además de otras cosas que he colocado de aperos de labranza. Cuando voy a mi casa y hago trabajos de artesanía me evado y desconecto, y es lo que necesito. Ver aquí como los artesanos trabajan es un rato muy agradable y gozo de ver cómo hacen todas estas cosas», explicaba Milián.
Mientras que el alcalde Antonio Cosculluela, otro asiduo a esta cita, terminaba su recorrido por la feria «con una sensación esplendida. Hay novedades como todos los años y cosas extraordinarias. Esta es una feria que se vende por si sola y que tiene casi tres décadas de funcionamiento. Hay que agradecer a la asociación de El Vivero su empeño por hacer esta feria cada año».
En la feria se pudieron ver benditeras de cerámica hechas a mano, sandalias de ganchillo, papel y cartón reciclado, decoración de capazos, indumentaria medieval, talla en madera rústica, en piedra, el trabajo en vivo de los artesanos…
Lo más llamativo, a juicio de los directores, fueron los trabajos con madera de olivo de Córdoba, el trabajo en forja de Pamplona o ya más de casa el retablo en madera que está construyendo el taller de talla de Monzón para la parroquia de San José de la capital mediocinqueña.


