
Recuerdo el telediario de las 3 de la tarde de aquel miércoles 4 de febrero del año 1976 en Barbastro. Yo tenía 15 años y venía de estudiar del Instituto «Hermanos Argensola» (2° piso porque allí estábamos los que estudiamos FP). Saludo con afecto y cariño a todos mis compañeros y compañeras de la primera promoción, especialmente a los que ya nos han abandonado (Pepo Cosculluela y Carlitos Español, D.E.P). Me quedé sorprendido de las primeras imágenes que nos llegaban desde aquel país que no sabía dónde estaba pero se hablaba español y había muchos muertos por las calles.
33 años después soy testigo fiel de los destrozos que todavía se ven de ese día fatídico que dejó más de 76000 heridos y 23000 muertos.

Parece ser que México, Estados Unidos, Venezuela, Argentina, Chile y Perú fueron los primeros países en llegar con su ayuda. Pero no tardó en movilizarse España con los aportes que se recogían en escuelas e institutos para ayudar a levantar Guatemala. Recuerdo que nuestra ayuda fue para levantar un pueblo llamado Zaragoza y que Aragón se volcó para reconstruirlo nuevamente y así fue. Se levantó una Iglesia dedicada a la Virgen del Pilar y, poco a poco, el pueblo quedó completamente renovado.
Pero conozcamos más información recogida un mes después en la prensa local sobre este terrible terremoto que está en la conciencia de todo guatemalteco.
«A las 3:03 de la madrugada, el 4 de febrero de 1976, Guatemala vivió uno de los capítulos más amargos de su historia reciente. Un terremoto de 7.6° en la escala de Richter.
La falla del Motagua, que atraviesa el 80% del territorio guatemalteco fue la causante del desastre. El epicentro se localizó a 150 kilómetros al noroeste de la ciudad, cerca de Gualán, Zacapa y el hipocentro a 5 kilómetros de profundidad .Las personas permanecían sentadas en las aceras, con frío y miedo. Algunas perecieron cuando ocurrió la réplica, a las 3:30 am, mientras intentaban rescatar a vecinos atrapados o pertenencias de valor.
Para cuando la luz del día por fin brilló, el pueblo de Guatemala se había dado a la tarea de rescatar a los miles de heridos que habían quedado soterrados. El trabajo fue arduo, las ambulancias no se daban abasto y los hospitales estaban colapsados. Civiles, bomberos y ejército se organizaron en brigadas de rescate, y se dedicaron a descombrar y buscar sobrevivientes entre las ruinas que habían quedado.

En toda Guatemala el tiempo era bueno y seco en ese período del año. Quedaban todavía tres semanas un poco frías, causantes cada año de gripe. El terremoto agravó esas afecciones pulmonares, ya que había que dormir fuera.
La cosecha estaba ya hecha y no había razón para temer una hambruna, pese a los rumores que se propagaron sobre riesgos de epidemias debido a la contaminación del agua, no hubo ninguna. La red vial quedó interrumpida, en particular la del Atlántico
México, Estados Unidos, Venezuela, Argentina, Chile y Perú, fueron los primeros en llegar con ayuda al país.
76000 heridos y 23000 muertos fue el precio que el terremoto cobró. Es muy difícil que exista un guatemalteco que no haya vivido un fuerte movimiento sísmico, y es que Guatemala está ubicada en una zona de actividad sísmica constante, y esto aunado a la falta de educación preventiva, hacen que los desastres naturales sean de mayor escala.»
Hoy en día, el país cuenta con instituciones especiales INSIVUMEH, CONRED para este tipo de desastres y sabemos los típicos consejos de lo que hay que hacer durante un temblor pero, a pesar de ello, Guatemala no está preparada para un terremoto; las construcciones no son adecuadas. Se construye sin estudios previos y en lugares de riesgo, no se promueven cursos de primeros auxilios y casi nadie tiene en casa un botiquín. «Pequeños» detalles que pueden salvarnos la vida en un futuro.
La próxima semana podrás conocer en profundidad el departamento Chimaltenango, su historia, sus gentes y, cómo no, la ciudad Zaragoza.


