Como cualquier ciudadano, me considero un ser político desde el momento que me siento implicada y me afecta todo lo que va ocurriendo. Por otra parte, contrariamente a los políticos que tienen en la política su modus vivendi, nosotros, los de a pie, hacemos política diariamente con cada decisión que tomamos en nuestra vida personal. Leyendo sobre la manera de gobernar, recojo algunas de las cualidades que tiene que tener un político: pasión en el servicio hacia los demás, sentido de la responsabilidad y mesura, sin perder la tranquilidad.
Después de este preámbulo, me pregunto qué les pasa a los políticos actuales que se han alejado tanto de estas premisas y constantemente vemos que muchos de ellos caen en la paradoja de obtener de la política un beneficio y un goce propio. Además nunca muestran ningún sentimiento de culpa y parecen tener pocos escrúpulos.
Creo que ahora estamos asistiendo a una desafección de los españoles hacia el actual sistema democrático. La confianza en las instituciones ha bajado de forma perceptible. Hay que dotar de prestigio a la actividad política confiriéndole unos principios y valores éticos, sin los cuales será difícil de reconducir esta situación e imposible de alcanzar las metas. Acabo con esta frase de Charles de Gaulle: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”.

