El impulso a la generalización de la educación primaria arrancó sobre todo a finales del siglo XIX con el desarrollo de la conocida como Ley Moyano. En esa época, nuestro país alcanzaba una alta cifra de analfabetismo: en 1877 en la provincia de Huesca el porcentaje de analfabetos ascendía al 71,59% de la población (la tasa de mujeres era del 86,20% y la de hombres del 57,46%) y sobre todo afectaba a zonas rurales.
Es un hecho que podemos constatar en los pueblos del extinto municipio de Rodellar (los actualmente despoblados de Otín, Nasarre o Letosa, entre otros) a través de la información proporcionada al respecto en los censos electorales de esos años. De igual modo, fruto de la falta de escolarización, muchos ancianos, avanzando ya el siglo XX, firmaban con el dedo por no saber escribir, según nos informa Juan José Santolaria, de Otín. No obstante, con el tiempo, la situación mejoraría sustancialmente.
La referencia más antigua sobre la escuela de Otín la localizamos en 1851, publicada en el Boletín Oficial del Ministerio de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, en la cual se anunciaba la formación de distritos de escuela entre Rodellar, Otín y Letosa.
A principios del siglo XX se emprendió un ambicioso plan de construcción de escuelas, que continuó y se amplió considerablemente con la proclamación de la Segunda República (1931), con la intención de paliar la grave carencia de centros educativos. Fue por aquel entonces, en 1922, cuando se llevó a cabo la construcción del edificio de la escuela de Otín. Previamente, en casa O Piquero se habilitó un espacio para instruir a los más pequeños.
Por medio de la revista profesional de temática escolar La escuela moderna podemos rastrear el nombre de algunas de las maestras que ejercieron en Otín en los primeros años de la pasada centuria:

María Dolores Bauset Motes, en 1903; Enriqueta Mor, como maestra auxiliar gratuita destinada tanto para Otín como para Pedruel, en diciembre de 1907; Dolores Barraca Lanuza, maestra también en Pedruel en julio de 1910; María del Consuelo Alpiazo y Paúl, plaza compartida con Pedruel en septiembre de 1914; Florencia Fernández, en noviembre de 1914; Jesusa Teresa Barrio, con docencia también en Pedruel, en abril de 1915 y Ángela Bosoz, en mayo de 1915. A lo largo de estos años comprobamos cómo la plaza quedó vacante en varias convocatorias.
En la Real Orden de 4 de marzo de 1917 se modificó el arreglo escolar del municipio de
Rodellar, en el sentido de declarar permanente para Otín la escuela de temporada y crear
otra escuela de asistencia mixta en Pedruel.
En la década de 1930, la escuela de Otín estaba calificada como “mixta para maestras” y la localidad contaba con 88 habitantes. En diciembre de 1931 la plaza fue adjudicada a Higinia Pérez Latorre. Durante la dictadura franquista la denominación del centro era Escuela Nacional Mixta.
El tejado fue renovado a finales de la década de 1940
En cuanto a la arquitectura de la escuela, tal como nos detalla Juan José Santolaria, el edificio tenía dos pisos: el bajo destinado para el aula con forma cuadrada y el superior para la vivienda de la maestra. El tejado, que fue renovado por completo a finales de la
década de 1940, era de losa, y fue el último inmueble construido en el pueblo.
La distribución del aula constaba de los siguientes elementos: ocho pupitres de dos plazas (con asiento abatible y mesa llana inclinada), un armario para la biblioteca, cuatro pizarras grandes, cinco mapas, una bola del mundo, una estufa, un armario, cuatro ventanas, la mesa de la maestra y tras esta, durante los años de la dictadura, colgaban de la pared dos cuadros con sendas figuras de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, y entre ambos un crucifijo.
En el piso de arriba, dedicado al alojamiento de la maestra, se hallaban el fogaril con cadieras, la cocina, la recocina, una sala enorme y cuatro habitaciones grandes. Por último, en la parte superior, la falsa y la chaminera.
Las áreas impartidas eran principalmente:
Lengua Castellana, Aritmética, Geometría, Geografía, Historia de España, Historia Natural o Historia Sagrada, entre otras. Como materiales didácticos se usaban las enciclopedias Álvarez y Dalmau. Además, los alumnos debían comprar el catecismo y empleaban cuadernos que se adquirían en Barbastro. Asimismo, escribían con lápiz o, mayoritariamente, plumilla, ya que los pupitres contaban con tinteros de porcelana.
Los escolares contaban con una pizarra pequeña para hacer ejercicios y, al igual que ahora, entre otras actividades, escribían dictados, contaban en un ábaco, resolvían operaciones matemáticas en la pizarra, realizaban comentarios de textos leídos, localizaban e indicaban con una vara ciudades o países en los mapas y en el globo terráqueo. Del mismo modo, cantaban canciones religiosas como, por ejemplo, el Ave María durante el mes de mayo. Es por ello que a menudo los aprendizajes eran iguales para todos adaptados según el nivel: si tocaba trabajar las provincias, todos a la pizarra a nombrar las provincias.
Acogía niños de diferentes localidades que debían caminar y madrugar buen rato
Además de Otín, la escuela acogía a niños de diferentes localidades cercanas: Nasarre, Letosa, San Póliz y las pardinas de Bellanuga y Ballabriga. Ello suponía que estos pequeños debían madrugar, caminar un buen rato y llevar una cesteta con cuadernos y fiambrera con comida. Es el caso, por ejemplo, de Herminia Salamero, de Letosa, en cuya escolarización tenía que cruzar el barranco, aunque si bajaba crecido, ya no era posible asistir a clase.
En invierno, durante el trayecto, los pequeños recogían leña del camino para posteriormente echarla en la estufa de la escuela. Con estas circunstancias, algunos de los alumnos procedentes de otras localidades comían en las casas de Cabalero y Cebollero de Otín e, incluso, durante los meses más fríos en la escuela. En cambio, en verano se acercaban al entorno de la fuente del lugar.
Como nos recuerda Juan José Santolaria, a principios de la década de 1950, la escuela acogía en torno a 16 zagales: dos de casa Piquero, uno de Cabalero y otro de

Purnas de Otín, una niña de la pardina Bellanuga, uno de casa Español de Nasarre, dos de casa Sierra de San Póliz y cuatro de casa Sierra y otros cuatro de Giménez de Letosa. Sus edades, ya que nacieron todos en la década de los 40 del siglo pasado, estaban comprendidas entre los 4 o 5 años hasta los 14 años.
Las maestras que atendieron la escuela eran generalmente novatas, recién escudilladas, y procedentes de diversos puntos: Salas Altas, Fañanás, Barcelona u Orense. Algunas de ellas fueron: Purificación González Feijoó, María Dolores Obradors Solá, María Pilar Ortiz, María Teresa Labalsa, Charito Gállego, que ejerció durante el curso 1951-1952, o Domitila Mur Subías, que estuvo en 1954-1955.
Entre nuestros informantes permanece un buen recuerdo de estas maestras, puesto que se esforzaban en su labor y, frente a lo que podía suceder en otros lugares, no pegaban. No obstante, su sueldo era tan mísero que dependían de los alimentos que les proporcionaban los vecinos. Alguna de ellas, mientras arreglaban la casa de la maestra, se alojaba y comía en una casa del pueblo.
Ir a la escuela era un “lujo”, sobre todo para las niñas
Igualmente, los cursos eran tan irregulares que incluso durante 1953-1954 no hubo escuela por falta de maestra. Otros motivos fueron la marcha de la docente, ya que duraban poco en este destino; la disparidad de niveles de los niños, las inclemencias
climáticas como nevadas copiosas o, más a menudo, el trabajo que debían realizar los niños, lo cual impedía su asistencia. En efecto, primero era trabajar y después la escuela.
Sobre todo para las niñas, ir a la escuela era un “lujo”, según nos dice Herminia Salamero, porque lo más habitual era que las enviaran a otras casas “a servir”. En el caso de los niños, Juan José Santolaria nos indica que normalmente la asistencia era escasa por las faenas que debían realizar en el campo. En este sentido, en aquel contexto imperante de sociedad agropecuaria y de trabajo infantil en las labores cotidianas, no eran necesarios altos niveles de formación académica y, por tanto, lógicamente, la educación no era especialmente valorada.
Durante el recreo jugaban a crucimbarro (tres en raya) y a diversos juegos de pelota en la era de casa O Piquero, justo detrás de la escuela. Por otro lado, ocasionalmente por las tardes se impartían clases a adultos, que durante el día trabajan en el campo, y se instruían en la lectoescritura y en nociones básicas de matemáticas, así como repaso de diversas materias. En cualquier caso, en algunas casas, los padres complementaban la enseñanza de los hijos.
1958 fue su último año por falta de niños
La despoblación que asoló a estas tierras de la Sierra de Guara trajo consigo que 1958 fuera el último año de la escuela de Otín por falta de niños. En consecuencia, por ejemplo, fue uno de los factores determinantes para que la aldea vecina de Nasarre se vaciara, según nos relatan los descendientes de casa Laliena. Desgraciadamente, pocos años después, todos estos pueblos quedarían abandonados.
Finalmente, el 13 de julio de 1965 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado la Orden de 22 de junio de 1965 por la que se suprimen Escuelas Nacionales de Enseñanza Primaria en distintas localidades, firmado por Manuel Lora Tamayo, director general de Enseñanza Primaria a la sazón, por la cual se procedía al cierre de la escuela mixta de Otín por “no existir censo escolar que aconseje su funcionamiento”.
Años más tarde del abandono de Otín, el edificio de la escuela fue usado para albergar el bar Manolo. Sin embargo, una vez cerrado este establecimiento, la ruina se está apoderando del lugar donde los niños de estos confines de la Sierra de Guara aprendían hace apenas siete décadas.
Por último, queremos manifestar nuestro más profundo agradecimiento a Herminia Salamero, Mercè Gangonells, a los descendientes de casa Laliena de Nasarre y, especialmente, a Juan José Santolaria por su testimonio y por cedernos el material gráfico que acompaña a este artículo.



1 comentario
Gracias por este articulo bien documentado.
Una idea del ano de la foto de los alumnos por favor?
Silvano