Había una vez un niño llamado Jorge que todos los días pegaba la nariz al escaparate de la librería de su barrio. Un día la hermosa hija del librero puso en el escaparate un libro de estatuas y le guiño un ojo a Jorge. Este entusiasmado entro y compro el libro.
Una vez en su casa mientras miraba las bonitas fotos, se detuvo en la de una estatua de un dragón y muy despacio fue leyendo la inscripción que la acompañaba. De repente el dragón cobro vida y salió del libro para asombro de Jorge. Asustado Jorge le lanzo la silla de su escritorio. El dragón le lanzo una llama y la quemo. El niño asombrado pensó que el dragón podría serle útil y a empujones lo saco al jardín le acerco la barbacoa para que la encendiera y puso chuletones, longaniza, chorizos… el dragón mientras se relamía llevaba siglos sin comer NADA.



