Se puede entender que en Aragón sea una fiesta local de alguna relevancia, pero convertirla en fiesta nacional en recuerdo y glorificación de la hispanidad, aquella sucesión horrible de genocidios y saqueos, da vergüenza. Y no se moleste nadie en estudiarlo, no. Cuanto más ignorante se sea, más vergüenza.
Habría que tomar ejemplo de la américa civilizada, más al norte del Río Grande, donde el mestizaje entre colonizadores y población autóctona alcanza al 1%. En nuestra hermana América llegamos al 70%, ¡y eso con genocidio y todo! Y a pesar de Argentina, donde casi no existe. Y, por favor, no se molesten conmigo mis amigos argentinos, que todo tiene su explicación. Con un desconocimiento de los territorios del sur, y una presunción lógica (¿?) bastante gratuita, se pensó que la tierra americana debía llegar a la misma latitud que la africana, que termina en el cabo de las Tormentas.Esto hizo que los españoles, en la búsqueda del paso de la mar océana al mar del sur, llegaran sólo a lo que hoy es Buenos Aires, donde a América todavía le queda mucha tela por cortar. Prácticamente no pisaron el cono sur, y así no hay forma de hacer mestizos. En el mismo Chile, la población mestiza se queda en el 10%. En Centroamérica pasa del 90%. En una Real Cédula de 1514, Fernando II de Aragón, regente de Castilla (por incapacidad de la reina Juana), legitimó el matrimonio interracial. Su bisnieto Felipe II ratificó la cédula cuatro décadas después. En Estados Unidos esperaron algo más, hasta la rebelión de los Loving. Esta enamorada y empecinada pareja de DELINCUENTES, fue condenada a prisión por el delito de casarse (blanco él, negra ella, aunque el informe de cargos de la policía la clasificara como india). Recurrieron ante la corte suprema de Virginia, la cual ratificó la sentencia. Pero no se rindieron y volvieron a recurrir en la corte suprema federal, que sentenció a favor de Richard Loving y su esposa Mildred, barriendo al paso un saco de leyes contra el mestizaje. Fue en 1967.
Antes, en 1512, el regente Fernando, rey católico, había rubricado junto a su hija Juana las “Ordenanzas reales para el buen tratamiento y regimiento de los indios”. Intelectuales y juristas de todos los pagos, algunos tan distantes como el etnólogo checo Miloslav Stingl, vieron en ellas un hito en la historia del derecho y una lección de auténtico humanismo. La esclavitud de los aborígenes estuvo de juri prohibida desde momentos tempranos. Como ejemplo, señalemos que la mujer indígena quedaba por maternidad liberada de trabajos hasta tres años después del parto.
La consecuencia del descubrimiento de América tuvo un impacto enorme que siempre ha sido aceptado como un cambio de era. Lo acrecentó la circunvalación del mundo por Elcano, que abrió de lleno las rutas de comercio desde el lejano Oriente hasta América y Europa por el lado opuesto a la ruta portuguesa, que sólo llegaba a Europa. El ataque de cuernos de las potencias europeas fue antológico, pero nadie tenía suficiente poder ni militar ni económico para enfrentarse a lo que pronto fue España. Así que tuvieron que recurrir a la calumnia y al libelo, que los españoles optaron por ignorar y seguir a lo suyo, a ensanchar el imperio hasta que el sol no se pusiera en él. Así nació la leyenda negra.
Para no sacar las cosas de contexto, tal vez convenga recordar que a América no viajaron entonces más santos que algunos de los frailes que mandó España. Fueron los que fueron. Al Norte y al Sur. Pero los reinos, las potencias colonizadoras y el papado, marcaron su camino claramente. La reina de Isabel I fue desde el primer momento contraria a que se hicieran esclavos entre los “nuevos españoles”. Cabe suponer que contó con el apoyo del Papa Alejandro VI, recién llegado al sitial pontificio, que ya en 1493 dictó la Breve Inter Caetera, encomendando a los reyes de Castilla, Isabel I y Fernando V (el Fernando II de Aragón) la evangelización de la población autóctona. Alejandro VI fue el Papa Borgia por una italianización de su apellido. Se llamaba Rodrigo de Borja y, aunque natural de Xátiva, sus ancestros procedían de la comarca del Campo del mismo nombre, en lo que hoy es la provincia de Zaragoza. No fue un dechado de ejemplaridad ni en lo moral ni en lo religioso, pero sí un buen político en el más amplio sentido de la palabra, manipulador y artero. Tal vez supuso que más interesaba al futuro de la iglesia la conversión de millones de hombres que una mano de obra barata y en condiciones de supervivencia difíciles. Es posible que llegara a conocer alguno de estos indígenas en Roma porque en un cuadro de 1494, La Resurrección de Cristo del pintor cuatrocentista Bernardino di Betto, aparecen un grupo de danzantes con aspecto de serlo. Tal vez los hicieran llegar algunos de los primeros colonizadores, que pretendían “oficializar” el carácter no humano de estos seres para utilizarlos como animales de granja. Mal les salió la jugada porque el parecer fue contrario: tienen un alma inmortal y son hijos de Dios. Murió este Papa diez años más tarde y poco después murió la reina. A los cuarenta, se ilegalizó formalmente la esclavitud de los indígenas.
Tras la muerte de Fernando, entraba en efervescencia la reforma luterana, con los intereses de los electores en juego. Wittenberg recibió con fervor las 95 tesis de Lutero, hispanófobo y antisemita. Lutero recibió con fervor la imprenta de Gutemberg. Federico de Sajonia ya se jugaba mucho más que las ambiciones de Ottheinrich. Los señores del norte, que ansiaban sumar a su poder terrenal los poderes divinos como cabeza de la iglesia (lo que pronto hizo Enrique VIII Tudor en Inglaterra), se lanzaron contra el papado que, para colmo, tenía en España a su máximo valedor.
Con los indígenas del sur protegidos, al menos sobre el papel, por España, y los del norte escurridizos por su condición de nómadas, los señores del norte decidieron el exterminio de éstos últimos y se dio inicio a uno de los episodios más infectos y vergonzantes de la historia: el tráfico de esclavos negros desde la costa africana. Se calcula que un 85% de los enviados a América lo fueron por neerlandeses, británicos, portugueses y franceses. Lo que hoy son Ghana, Togo y Nigeria se llevaron la palma. Ouidah llegó a convertirse en un centro de tráfico de enorme importancia económica. Las condiciones del transporte, hacinados y encadenados en posición horizontal, eran tan inhumanas que la mortandad podía situarse alrededor del 25%, y, aun así, un negocio muy rentable. Duró su legitimidad hasta el congreso de Viena de 1815. Después fue ilegal, pero no inexistente.
¿Ya hemos dicho que el Atlántico aquel lo cruzaron pocos santos? En las comunidades autónomas de la época hubo algunos presidentes (entonces llamados gobernadores o virreyes) que dejaron bastante que desear. Viendo lo que sucede ahora, esto debe estar lejos de sorprendernos. Entonces ni necesitaban chulería. Bastaba con informar al Rey falazmente ¡y a chupar calostros! Contrastar esta información no era sencillo y, sobre todo, no era rápido.
Quien quiera abominar de la fecha del 12 de octubre de 1492 está en su derecho, negar su importancia sería una necedad. Otras tuvo España que merezcan recuerdo, principalmente durante la última (y tal vez irrepetible) eclosión patriótica que se vivió con motivo de la derrota del ejército bonapartista. Desde Creus hasta Ayamonte y Finisterre, todos se sentían españoles y todos clamaban por el regreso de El Deseado.
Hasta que el El Deseado, ¡ay!, vino.
Hubo acontecimientos notables. 2 de mayo de 1808, 19 de julio de 1808, 19 de marzo de 1812… Pero fueron hechos locales. El 12 de octubre de 1492 fue una fecha que cambió el mundo. No tenemos otra de tanta trascendencia en la historia universal como el descubrimiento de América. A pesar de la tenacidad de los traidores, unos cuantos de ellos entregados a nuestros planes de enseñanza (mal llamada educación), topos aliados con el enemigo. Hoy puedes asistir en Nueva York a los festejos del Día de Colón y un amable aborigen puede acercarse a explicarte que es una fiesta italiana. Los ingleses, que en general son respetuosos con la historia, tienen en el museo naval un homenaje a Francis Drake (afamado navegante que fundamentalmente se dedicó a la piratería contra galeones españoles) por ser el primer hombre que circunvaló el planeta… seis décadas después que Elcano. La última bobada consiste, creo, en dar como la gran noticia que los vikingos llegaron primero. Al más lerdo estudiante de geografía no se le escapa que la tierra es redonda. Por tanto la distancia entre meridianos es más corta cuanto más polares sean los paralelos. Aquel fue un pueblo de vocación marinera, dedicado fundamentalmente a la piratería, y muy polar. No podría extrañar que dieran un salto a un continente próximo. Ni la aparición de un zapato viejo de Leif Eriksson por la costa de Terranova.
Ahora sigan. ¿Cuántas universidades, museos, ciudades, iglesias fundaron? ¿Qué llevaron de cultura y de sanidad? Recomiendo a todos una experiencia personal que viví, paseando por las ruinas de la Habana Vieja con un amigo arquitecto, donde nos admiraba adivinar bajo su decadencia los restos de una ciudad esplendorosa. Y de ahí dimos un salto a Jamaica. No hablamos de excursiones vikingas, sino de auténtica colonización inglesa. Explotaciones, obtención de dinero y poco más. Añádanlo como otro capítulo de la leyenda negra.
Yo seguiré dando al 12 de octubre el reconocimiento que creo que merece porque también creo que es de justicia. E invito a los que quieran que me sigan. Quien no quiera, está en su derecho. Y Dios, que me dicen se dedica mucho a eso de perdonar, perdone, si puede, a los topos que siguen alimentando la calumnia y el libelo.
A mí me va a costar algún trabajo.


