El etnógrafo José Miguel Navarro, autor de catorce libros sobre el patrimonio en el Pirineo, acaba de publicar ‘Luz Sagrada’, Premio Félix de Azara por la DPH, editado por PRAMES, y en el que se aborda el fenómeno de los asoleos en los espacios naturales o patrimoniales (cuevas, dólmenes, ermitas, iglesias, castillos, …) desde la Prehistoria hasta el Barroco en la provincia de Huesca.
La obra es fruto de un trabajo coral con otros entusiastas de este fenómeno simbólico / artístico / arquitectónico intencionado para crear trascendencia a través de la luz en los solsticios o equinoccios. En ese sentido junto al volumen enciclopédico se incluye un código QR para ver el documental ‘Lux Sacra. La mirada del Sol’, de la productora Donde van las nubes, cuyos realizadores residen en Peralta de Alcofea.
El vanguardista trabajo de José Miguel Navarro se presenta con un afán divulgativo y totalizador abriendo una nueva vía de investigación multidisciplinar.
Su obra se presentó en primicia en el Museo Diocesano de Barbastro – Monzón de la mano de Librería Castillón y en ella además del autor participó el realizador del citado documental Eduardo de la Cruz que proyectó algunas escenas.
Tras muchos años trabajando el patrimonio del Pirineo ahora nos sorprende con esta obra sobre el patrimonio inmaterial y trascendente. ¿Por qué?
Y metafísico. Ha sido pura curiosidad, he mezclado dos grandes aficiones que son la naturaleza y el patrimonio y se pueden mezclar de muchas maneras, pero esta es una de ellas. Al final, se trata de intentar ver más allá de lo obvio y de lo evidente. Y la verdad es que hemos tenido mucha suerte, porque hemos encontrado cosas absolutamente sorprendentes que estaban a la vista de todo el mundo, pero que nadie se había percatado.
No sólo es un trabajo recopilatorio, sino que ha sacado a la luz, nunca mejor dicho.
Sí. Aquí hay cosas absolutamente inéditas y no creo exagerar si digo que son únicas en el mundo.
¿Por ejemplo?
Pues, por ejemplo, un santuario solar en la cabecera del río Vero que no tiene parangón a nivel mundial.
¿Cómo es eso?
Es muy complejo. Cuando hablamos de santuario no estamos hablando de un edificio, sino que estamos hablando de un entorno. Entonces, en la cabecera alta, en el curso alto del río Vero, tenemos todos los estilos de pinturas rupestres que hay en la Prehistoria. Tenemos el esquemático, el levantino y el paleolítico y nunca habíamos sabido el por qué. Bueno, pues resulta que en el solsticio de invierno (21 de diciembre) por la mañana, el sol atraviesa un agujero natural e incide sobre la ermita de San Martín de Lecina.
Evidentemente, ahí lo que ha habido es una sincretización de cultos. Eso por la mañana. Y ese mismo día, por la tarde, justo enfrente, tenemos la cueva de la Mezquita, que es un santuario. No lo habíamos contemplado así hasta ahora. Ese mismo día, el sol atraviesa un tragaluz, atraviesa toda la cueva e incide en la única estalagmita con forma de falo que dejaron intacta la gente que sacralizó ese espacio. Eso en antropología está muy estudiado, es una hierogamia, es el matrimonio sagrado entre dioses astrales y diosas telúricas. Precisamente en fechas solsticiales, porque lo que están pretendiendo es que la vida vuelva otra vez a la Tierra.
¿Ha encontrado algún caso parecido en el mundo?
Hay cuevas de ese tipo en Bulgaria. Hay ermitas que les entran luces en otros sitios, pero todo el conjunto, y aderezado además con las pinturas rupestres, no lo hay en ninguna parte, a nivel mundial.
¿Qué otros ejemplos de asoleos en el Somontano ha estudiado?
El libro se ha centrado en todo el norte de la provincia de Huesca y, por una cuestión lógica, también en las Cinco Villas. Hemos abarcado del paralelo 42 hacia arriba. En Somontano tenemos uno muy bonito, que está en la iglesia de San Román de Ponzano, por ejemplo. Ese es muy explícito, muy bonito. Tenemos otros dos en la Catedral de Barbastro, que no la hemos podido todavía documentar, porque esto es un trabajo abierto. Lo que ocurre en estos templos no es una excepción, sino una norma.
Sí. tenemos en Roda de Isábena, en la zona de influencia de Barbastro, y en la cueva del Trucho, que es el asoleo más antiguo que hay documentado a nivel mundial, 25.000 años, dirigido a la osa tallada en piedra el día del equinoccio de otoño (21 de septiembre). Y también el de Obarra, que todo el mundo conoce. Y si nos vamos a la otra parte de la provincia, hay algunos maravillosos como en Loarre, como en Agüero o la catedral de Huesca que tiene cuatro, a cuál más espectacular y más elaborado.
¿Cuál es la tesis de su trabajo?
Que la luz ha cumplido una misión fundamental y que mientras no seamos capaces de entender la trascendencia de la luz en un espacio sacralizado, no lo entenderemos en su justa medida. Es decir, nos hemos centrado mucho en lo que son los monumentos, las construcciones, las estructuras, pero la parte intangible de esos monumentos, que es casi tan importante como lo visible, no se ha tenido en cuenta hasta ahora.
Lo que me sorprende, y una de las cuestiones por las que he tardado muchísimo tiempo, es que no hay nada publicado de esto. Hay artículos científicos de determinados lugares, hay bastantes documentos centrados en puntos concretos, pero un libro que los documente todos, que haga una línea cronológica desde la Prehistoria hasta el Barroco, no lo había. Y no sabía de dónde partir, ni cómo hacerlo.


