Querido y apreciado Juan Carlos, nos dejas demasiado pronto fruto del trabajo la lucha y la fatiga. Te vas en silencio, no podía ser de otra manera, todo lo dabas sin pedir nada a cambio. Fuiste un ejemplo de creer en todas las personas a pesar de su raza y condición.
Vivimos en una sociedad que tiende a reducir la calidad de las cosas por la cantidad, también la vida. Valoramos su extensión y su excelencia por el número de años de su duración, por sus riquezas. La vida se mide por la intensidad, no por su duración. La duración es vana si solo se acompaña por actos vacíos y sin ningún compromiso.
Hay muchos seres que han estado largo tiempo en el mundo pero no lo han vivido, poco estuvieron en este mundo Mozart, Rimbaub o Van Gogh, pero la fecundidad de su obra y su influencia son indiscutibles.
También la vida de Juan Carlos ha sido breve, pero ha sido vivida con intensidad y humanismo. Se aferró a esta vida como nadie, nos ha dado lo mejor de sí mismo, su fuerza su inconformismo y desencanto, también el deseo la lucha y la esperanza por transformar el mundo. En la ausencia de su luz debemos preguntarnos como hizo Juan Carlos el porqué de la vida y del tiempo perdurable.
Serás en el firmamento la estrella que brille iluminándonos con luz propia. Descansa en paz.




