Érase una vez una chica a la que le gustaban las rosas, se llamaba Estela y siempre iba cantando y bailando por la calle, ella siempre tan feliz con su vestido violeta de flores. Era una chica muy guapa y simpática saludada a todo el mundo.

De repente, un día se pinchó cogiendo una rosa y se desmayó. Un chico guapo la encontró se llamaba Alex y se enamoró solo verla. Él no podía despertar a aquella chica ¿cómo se llamará? ¿Qué le había pasado? No podía dejarla allí, así que la cogió en brazos y se la llevó a su casa, la tumbó en su cama y esperó con paciencia que despertara, pero tras mucho rato de espera vio que no despertaba.
No sabía qué hacer ni cómo ayudar a aquella chica sin nombre.

De repente se acordó que igual su amiguito el Duende Sabio podía ayudarle. Así que no se lo pensó más y fue a preguntarle qué podía hacer con esa chica, el duende le dijo que había una manera, le explicó que existía una planta llamada “Remesmes” que podía despertarla pero que debía ir a buscarla a un sitio bastante peligroso, en que se tendría que enfrentar a un león, a un elefante, a una jirafa y por último un dragón.
Para ello, el duende Sabio le dio algunos trucos y consejos para enfrentarse a ellos:
- Para el león peligroso tenía que llevar un radiocasete y ponerle una canción de zumba, en cuanto Alex se pusiera a bailar el león iba salir corriendo.
- Para el elefante debía llevarse una flauta y el elefante tendría tanto miedo que se taparía los ojos con la trompa y no le vería pasar.
- Para la jirafa

La jirafa tendría que llevar una garrafa de aceite para tirarla por el suelo. Así, se resbalará y la jirafa se enredará con sus piernas largas y no podrá perseguirle.
- Para vencer al dragón no tenía ningún truco, solo había una manera, tenía que vencerlo luchando y era muy peligroso.

Alex no se lo pensó y decidió arriesgar su vida por salvar a esa chica que acaba de conocer.
Tras un largo viaje llegó allí y se enfrentó con el león, le sirvió el consejo del duende. Más tarde y tras mucho andar vio al elefante, tan elegante y se murió del miedo al tocar la flauta.
Tras otro largo recorrido llegó a la jirafa, que al tirar la garrafa de aceite se enredó con sus piernas, aquello parecía una pista de hielo.
Por último, el dragón fue lo más difícil, ese dragón echaba fuego por la boca. ¡Suerte que Alex llevaba un escudo para protegerse!
Tras mucho luchar, consiguió con el baile de zumba que el dragón se volviera simpático y le dejara coger la planta.
Cuando volvió con la chica le puso la planta debajo de la nariz, ella se despertó y en cuando vio a Alex se enamoró de él.
Alex y Estela vivieron felices y comieron perdices.



