El 18 de octubre se inauguró en el Vinobar la exposición “Vino y Radio. Descorcha tus sentidos”, con una colección de radios en miniatura construidas por Manuel Laplana. Se trataba de combinar la radio con el vino, porque como dicen los organizadores, todo es arte, mientras que Manuel refiere que con esta muestra se pretende dar a conocer la arquitectura sonora de los aparatos de radio antiguos, que son verdaderas obras de arte construidos por excelentes profesionales, ya que los muebles de las radios son los grandes olvidados, a pesar de que aquellos aparatos antiguos formaron parte del entorno familiar, cuando no existían otros sistemas que nos conectaran con el exterior.
Manuel Laplana es un enamorado de los aparatos de radio, de ahí su afición a reproducir modelos antiguos en miniatura, con los que se pueden sintonizar emisoras en AM o en FM. Manuel comenta que lo que más le gusta son los muebles, porque visualmente son impactantes, tanto por la madera empleada como por su estética; hay aparatos que marcaron tendencia en su momento, como el modelo catedral, capilla, palacio o talismán, que fueron construidos con nogal, caoba o castaño. En la exposición se muestran 33 aparatos, que van desde los años veinte hasta los años cincuenta del siglo pasado, que dejaron de fabricarse en madera en beneficio del plástico.

El visitante pudo ver una radio Philips modelo Capilla, que se fabricó en los años treinta en madera de abeto, una Tesla talismán de 1945 en madera de morera, una Erko redondo de 1936 en madera de olmo, un Addison modelo Palacio de Justicia, que representaba el Palacio de Justicia de Toronto, construida en madera antigua de pino melis y, además, una serie de aparatos retro salidos de la imaginación de Manuel, fabricados en madera de pino con distintos colores. Y para darle más protagonismo al mundo del vino, se expuso un aparato Lincoln de los años treinta y un Balilla de 1939, construidos con madera de roble francés procedente de una tabla de barrica, que en su momento tuvo vino, porque Manuel fabrica todas sus miniaturas utilizando maderas nobles, como nogal, olmo, palo rosa, pino, abeto, olivo o enebro, que favorecen la calidad del sonido de los aparatos.
Manuel es natural de La Puebla de Castro y desde niño le llamó la atención la radio, aunque en su casa no la había, pero la oía en la de un vecino. Cierto día, el cura les pidió a los chicos del pueblo que le ayudaran a limpiar la falsa de la abadía, que durante la guerra había sido utilizada por el ejército, y allí apareció parte de un panel de radio de una emisora militar con válvulas y el cura se la dio a Manuel, que usando los destornilladores de su padre, desmontó aquel artefacto, los condensadores variables y deshizo las bobinas estirando el hilo. Como su abuelo leía habitualmente la prensa, vio el anuncio de un curso por correspondencia de Técnico en radio con 60 envíos, que contenían los fascículos, el material y los exámenes, ofertando unas prácticas gratis en un taller de Barcelona. Se trataba del curso de radio R. J. Darknness, editado por Bruguera en 1952. A la familia le costó decidirse, porque costaba 35 Ptas. de 1954, que era un dinero. Con aquel curso también se construía una radio, pero como el mueble iba a parte, su padre le dijo que lo harían en casa. Finalmente, solicitaron el curso y fueron llegando unos apuntes, que casi no se leían y además estaban mal copiados, por lo que a Manuel le costó mucho construir la radio, pero a pesar de todo funcionó. Para hacer las prácticas se fue a Barcelona unas Navidades, pero el taller siempre lo encontró cerrado, por lo que no pudo hacerlas.

Pasado un tiempo, llegó al pueblo desde Mallorca un médico represaliado, Antonio Franco, pues había sido médico militar republicano. Vio a Manuel con los apuntes y las piezas de la radio en el taller de su padre y le dijo que le ayudaría, porque él sabía electrónica. Manuel comenzó a acudir todas las tardes a casa del médico, hasta que un día le dijo que había comprado un aparato de Rx., posiblemente uno portátil de Mónico Sánchez, y que tenía que ayudarle a instalarlo. Hicieron algunas chapuzas y dejaron al pueblo sin luz varias veces, por lo que fue necesario reforzar las líneas de 125 voltios, debido al alto consumo del aparato, y añadir una buena toma de tierra para seguridad de los usuarios. En aquel momento Manuel ya arreglaba aparatos de radio en el pueblo, porque la otra opción era bajarlos a Barbastro, así que aunque los vecinos comentaban ¿pero te vas a fiar de este chico?, no les quedaba otro remedio. Se trataba de aparatos viejos que se oían muy mal, porque la señal no llegaba bien, así que Manuel comenzó a construir antenas, entre dos aisladores ponía un cable estirado y una toma a la radio, mejorando considerablemente la audición.
Manuel aprendiz

Con 15 años entró en el taller que tenía en el Coso Ricardo Anguera, que era un Perito Industrial de Reus, le hizo un contrato de aprendiz por 12 ptas. y le buscó alojamiento en la pensión Villacampa en la plaza de San Antonio. Como todos los alojados eran camioneros de buen comer, para el desayuno les ponían coles con sardinas y el porrón de vino, así que la madre de Manuel negoció con la dueña de la pensión para que le diera un vaso de leche con galletas o un bocadillo pequeño, pero por 5 Ptas. más. Los sábados Manuel volvía en autobús al pueblo y Anguera le dejaba salir un poco antes para coger el de las 18 h. a condición de llevarse trabajo, así que Manuel llenó el pueblo de fluorescentes. Con Anguera aprendió de verdad electrónica y electricidad, y también le enseñó a ser una persona de bien y a tratar correctamente a la gente.
Servicio Militar
Manuel se incorporó en 1963 al CIR nº 10 de Zaragoza y, posteriormente, lo destinaron a Jaca, pero se enteró que en Barbastro habían causado baja el oficial y el suboficial de trasmisiones, así que su madre habló con unos conocidos y su hijo terminó en el gabinete de transmisiones del Regimiento de Infantería Motorizada “Barbastro nº 43”, en el cuartel “General Ricardos”. En transmisiones había unos pupitres con aparatos de morse instalados por Anguera para dar clases a los soldados, también se encontró con el material de la ayuda americana, que nadie sabía manejar, radios PRC 6 para pelotón, PRC 10 para compañía, MKZ para instalar en vehículos y cajas con repuestos, pilas y antenas. La ayuda americana modernizó el desvencijado material del Ejército de Tierra procedente de la guerra y Manuel fue el encargado de poner en marcha las radios y, además, formó a varios compañeros para manejarlas. Con sus compañeros hicieron algunas chapuzas propias de soldados, como usar las pilas de 90 vol. para enchufar las maquinillas de afeitar. Manuel estaba en su ambiente y con pase de paisano, porque lo llamaban de los pabellones para hacer reparaciones de neveras, radios o televisores. Manuel conserva su documentación militar y una libretita con las frecuencias que asignó a cada soldado y su nombre.

Repetidor del Pueyo
Barbastro quedaba en una zona oscura para la señal de televisión por estar en una hondonada, así que se hicieron pruebas en la torre del Marqués o en la cerámica, pero la señal solo llegaba bien al Pueyo el canal 3 de La Muela en VHF. Se creó una comisión formada por vendedores de electrodomésticos, como Anguera, Brandy o Coll, en la que intervino activamente Manolo Gómez y fueron a Madrid donde consiguieron los permisos correspondientes, con lo que el proyecto salió adelante. Vino a Barbastro un ingeniero de la empresa que iba a instalar el repetidor con el material y junto con Ricardo Anguera se encargaron de la instalación, interviniendo Manuel con el armario y un fontanero de Rodríguez para montar la torre, que eran tubos, con lo que la señal comenzó a llegar a Barbastro y a pueblos del entorno. El repetidor transformaba la señal del canal 3 al 7 para evitar problemas. En Barbastro comenzó a haber lista de espera para comprar televisores de 23 pulgadas, que costaban 21.250 ptas., y para las antenas individuales. La llegada de la televisión a Barbastro la vivimos con mucha curiosidad, porque tener un cine en casa sin tener que moverte, era una cosa fantástica, yo comencé a ver tv en casa de un vecino, hasta que mis padres compraron un televisor Askar en “La Electromecánica” de Ricardo Anguera. Con el tiempo se aumentó la potencia y se puso otro repetidor de reserva, por si fallaba el primero, además había personal de guardia por si se producían averías o se cortaba la luz, que al Pueyo llegaba desde una empresa radicada en Huerta de Vero y de Berbegal, pero si fallaba, había que pasar a Eléctricas Reunidas. En caso de haber futbol, la guardia se mejoraba para subir al Pueyo rápidamente si se producía una avería, incluso había un taxista avisado.
A Zaragoza

La familia de Manuel trasladó su negocio de carpintería a Zaragoza y Manuel encontró trabajo en un taller electrónico. Pasado el tiempo entró en la Westinghouse de Zaragoza, luego a Huesca y finalmente regresó a Barbastro. La afición de Manuel le ha llevado a preparar varias exposiciones, como la organizada con motivo de la Semana de la Radio en la UNED de Barbastro “La Radio, un viaje en el tiempo” en 2018 con Juan Bruballa Torres, que es uno de los mayores coleccionistas de aparatos de radio de época de la zona, haciendo un recorrido cronológico desde 1920 hasta 1960, exponiendo 50 aparatos y 45 réplicas. En la pasada exposición de la Vinoteca también se ha hecho un repaso de los receptores de radio desde sus inicios, con el descubrimiento de la telegrafía sin hilos, hasta la llegada de la radiodifusión como medio de comunicación de masas. Un viaje en el tiempo recordando las innovaciones tecnológicas y la evolución del diseño. La exposición ha tenido mucho éxito, ya que han acudido personas de fuera de Barbastro, movidas por la curiosidad de ver radios en miniatura construidas manualmente por uno de los últimos constructores de radios, porque, en definitiva, todo es arte.


