En mis años mozos leí “La España del Siglo XX”, de Tuñón de Lara, y me hice una idea aproximada sobre Ia II República. Con el tiempo, en mi afán por informarme mejor, leí a otros autores, y poco a poco me hice con una nutrida recopilación de libros que me edificaron una opinión más amplia. Entonces caí en la cuenta de que resulta muy difícil conocer las postrimerías de la II República por una simple razón: la censura inherente al estado de Alarma vigente desde febrero a julio de 1936. Aquella censura deforma y distorsiona la percepción de determinados períodos de la República.
Le Ley de Orden Público preveía tres estados, o situaciones excepcionales: Prevención, Alarma y Guerra. A poco de la noche electoral de febrero de 1936 el gobierno de Portela declaró el estado de Alarma; y los siguientes gobiernos (presididos por Azaña) lo prorrogaron, mes a mes, hasta julio de 1936 en que devino el estado de Guerra por el levantamiento de una parte del ejército.
El estado de Alarma se implantó para aplicar la censura de prensa y limitar el derecho de reunión (Diarios de Alcalá-Zamora; Asalto a la República; pág. 168, Nota a pie) Sólo quedaban a salvo de la censura noticias que reflejaran las intervenciones de los parlamentarios en el Congreso.

José Pla describe la justificación del estado de Alarma en su libro “Historia de la Segunda República” al narrar lo sucedido en la noche electoral del 16 al 17 de febrero de 1936 (tomo IV, páginas 281-282) : En la madrugada empiezan a llegar noticias alarmantes: en algunas capitales de provincia la gente ha invadido los Gobiernos Civiles , algunos gobernadores han abandonado el campo… Hay la impresión de que las cosas se desarticulan y hay síntomas notorios de desbordamiento en algunas ciudades”. Afirmación que coincide con el Diario del Presidente de la República Alcalá-Zamora (páginas 173, entre otras)
Así pues los gravísimos desórdenes de la noche electoral, fueron el detonante para la declaración del estado de Alarma con la consiguiente aplicación de la censura de prensa (Viene al punto recordar que el Presidente de la República firmó esa noche la declaración del estado de Guerra, que no quiso firmar el presidente de Gobierno, Portela (entrevista a Portela en el periódico La Libertad, de 9/10/1937)
La censura cerró muchos periódicos: en época de Azaña, más de 80 o 100 (sic) ( Sainz Rodríguez; Testimonio y Recuerdos pág. 206 )
José Pla era el enviado de “La Veu de Catalunya” en Madrid, y mandaba casi diariamente unas extraordinarias crónicas políticas por teléfono (Dijo que en los bancos de prensa del Congreso había gastado varios pares de pantalones…) Sus crónicas, recopiladas en el libro “La Segunda República Española” (editorial Destino, 1841 páginas) son el vivo testimonio de aquel momento, imprescindibles para conocer el día a día de la República. Y escritas en directo, sin el filtro de la interpretación histórica de los hechos a posteriori. Pero tras la irrupción de la censura muchas de sus crónicas resultan ininteligibles, trompicones de frases incoherentes…, estornudos de hechos imprecisos. El lector no entiende lo que está pasando.
A su vez la censura tenía otro pernicioso efecto: la autocensura, “por prudencia de los directores de periódicos que no querían tener conflictos con la Administración” (Pedro Sáinz Rodríguez, Testimonio y Recuerdos, pág. 315) Cuenta Sainz Rodríguez cómo animó al ingenioso Julio Camba a que narrara lo que estaba ocurriendo: – Usted escriba cuanto le pida el cuerpo y no tenga en consideración ni se pare en barras. Cuando usted mande un artículo y por A o por B no se lo publiquen o le digan espere Vd., lo recoge y yo se lo pago al mismo precio que se lo pagaría el periódico. (pag. 315, misma obra) Y con ese acuerdo se editó, en los años cuarenta, el libro Haciendo de República: con lo no publicado en su momento.

Cabe pensar que a falta de prensa libre debemos acudir al testimonio de los protagonistas. Pero también allí se aprecian inexactitudes, imprecisiones… He dicho antes que la tormentosa noche electoral de febrero de 1936 el Presidente de la República Alcalá Zamora propuso al Presidente de Gobierno Portela la declaración del estado de Guerra que éste no quiso firmar (entrevista a Portela en el periódico La Libertad, de 9/10/1937) Sin embargo Gil Robles, testigo de aquello, describe de otro modo aquella conversación: Dominaba ya la anarquía en algunas provincias, los gobernadores civiles desertaban de sus puestos, las turbas amotinadas se apoderaban de las actas. De no dictarse urgentes medidas, con mano férrea, sería inmenso el peligro de que se cubriera de tragedia el porvenir de España… Mientras tanto había logrado el jefe de Gobierno comunicar telefónicamente con el señor Alcala-Zamora. Fui testigo de la conversación mantenida entre ambos. El presidente de la República rechazó de plano, según pude percibir, la propuesta inmediata del estado de Guerra que le hizo el señor Portela, aunque le autorizase a proclamar el de Alarma en el plazo de unas horas.” (Gil Robles , No fue posible la Paz, pág. 480-481)
¿La propuesta de declaración del estado de Guerra la hizo Alcalá-Zamora a Portela, como dice éste, o por el contrario Portela a Alcalá-Zamora, como afirma Gil Robles? La solución al enigma podría estar en los diarios de Alcalá-Zamora (pág. 163) donde manifiesta que la propuesta de declaración se la hizo Portela y que Alcalá la considero precipitada e inconveniente… ¿Mintió Portela en sus declaraciones al periódico, tras año y medio de los hechos? Quizás no. El miedo que le entró aquella noche, y le duró varios días, le pudo impedir la percepción sensorial de aquellos extraordinarios acontecimientos que se precipitaban enloquecidamente…
Censura y miedo como enemigos de la verdad.
Volviendo al testimonio histórico y literario de José Pla, en abril de 1936 dejó de mandar crónicas a Barcelona y se volvió a Gerona. La tensa situación de Madrid le produjo miedo, según Carlos Sentís. Dos días antes de abandonar Madrid, el ilustrado diputado catalán Ventosa y Calvell había denunciado en el Congreso la realidad política y parlamentaria del país, cada día más saturada de instinto de guerra civil (José Pla, La Segunda República, pág. 1759) Nos perdimos así las crónicas del magistral Plá sobre un asunto que en aquel entonces tenía mucha importancia ( y la sigue teniendo) Me refiero a las reuniones de la Comisión de actas, del Congreso, que debía saber sobre el resultado electoral de febrero de 1936, que ganó el Frente Popular. Las mismas actas que según Pla, Gil Robles y Alcalá-Zamora, en algunas provincias cayeron en manos de turbas amotinadas que se apoderaron de los Gobiernos Civiles, para manipularlas.
Las últimas crónicas de Plá se refieren a la Comisión de actas:
Crónica del 28 de marzo:
… El presidente de la Comisión, señor Prieto, ha propuesto a los representantes de minorías de oposición de la Comisión que, a cambio de la aprobación de las actas de Mallorca y Zaragoza provincia, quedaran anuladas, casi sin examen, las de Granada y Cuenca. La proposición del señor Prieto (…) implica que el Frente Popular no quiere que sean diputados ni el señor Calvo Sotelo ni el señor Goicoechea, ni el señor Herrera que ha salido por Granada (…) De modo, pues, que el criterio jurídico que el señor Azaña consideraba el martes pasado de acuerdo con el que le pedían los grupos de oposición, como único criterio imperante en la Comisión de actas, va orillándose y va imperando la política más baja.
… Mi impresión personal es que hay tres circunscripciones cuyas actas peligran enormemente. Estas son Cuenca, Granada y Orense. Las actas de Cuenca están sucias, pero no tanto como por ejemplo las de Cáceres donde ha habido un pucherazo en toda la circunscripción. En cambio las de Orense y de Granada, sobre todo, son perfectamente correctas
Crónica del 1 de abril: Confirmando lo que decíamos ayer las minorías de derechas se han retirado del Congreso. La retirada es puramente provisional y mientras dura la discusión de las actas, y condicionada a lo que pueda pasar con las actas de Salamanca, Cuenca y Orense. (…) Al iniciarse la discusión de las actas de Granada el señor Giménez Fernández ha leído una declaración con todos los argumentos del caso, que ha ido seguida de la salida del salón de los diputados presente de la CEDA. En el momento de salir los diputados se han dado vivas para todos los gustos… (…) El señor Gomáriz, secretario de la Comisión de Actas, ha defendido la anulación de las actas de Granada…
Crónica del 2 de abril: Es corta y acaba con esta frase:
Los socialistas tienen la vida fácil. Son hombres de suerte. ¡Alabado sea Dios! (José Pla, La Segunda República, pág. 1762)
Y, a continuación, Plá enmudeció. El miedo le hizo salir de Madrid y que las generaciones venideras se quedaran sin sus crónicas sobre las actas electorales de febrero de 1936. Queda posible acudir al archivo del Congreso. Pero las frías actas (en este caso actas sobre actas) no siempre reflejan la intrahistoria. No creo que reflejen que “ hubo vivas para todos los gustos”.
La verdad sobre la II República es sinuosa, escurridiza y se proyecta sobre espejos cóncavos y convexos. Y creo que eso ocurre con casi todas las verdades.



