Las actividades organizadas por la Diputación Provincial de Huesca para celebrar el Día del Medio del Medio Ambiente han permitido a los oscenses, pese a la lluvia, disfrutar en familia de talleres de cocina o de productos para el cuidado del cuerpo, conocer un poco más la agroecología, el movimiento slowfood, el recetario de las abuelas, o simplemente montarse en alguna divertida atracción. Si el año pasado la DPH dedicó esta jornada a los animales, el día de hoy ha estado centrado en la nutrición. El responsable provincial, Luis Felipe, ha compartido con familias oscenses esta jornada que «busca implicarse en la calidad de vida con hábitos saludables, y sobre todo que se aprenda y se enseñe a vivir con más garantías».
También ha estado con las entidades que allí se han dado cita como Cáritas o el Banco de Alimentos; miembros de la asociación A Chordiga, de las amas de casa y consumidores del Altoaragón y de la huerta de Aceibar; además de profesoras de la Universidad de Zaragoza o de la Escuela de Hostelería de Huesca.
Hoy el Vivero se ha convertido en un muestrario de las alternativas saludables y ecológicas que se tienen al alcance de la mano para ahorrar y reducir al máximo los residuos alimentarios. A pesar de la lluvia, que ha hecho que el público fuera menor al habitual, se han desarrollado todas las actividades con normalidad, a excepción de la elaboración de compost y de la parte dedicada a elaborar alimentos con cocina solar. Quienes se han acercado a lo largo de la mañana han recibido un obsequio de la DPH en forma de flor, de una de las especies que se cultivan en estas instalaciones.
Una de las atracciones que más ha llamado la atención ha sido el tiovivo ecológico instalado en el Vivero Provincial y que, en lugar de utilizar un motor eléctrico o mecánico, funcionaba con una bicicleta estática; lo que ha llevado a muchos padres a pedalear por el disfrute de sus hijos. Los niños -y algunos que no lo eran tanto- se han montado en este carrusel a lomo de unos caballos hechos a base de neumáticos y otros materiales reciclados y cuya principal característica es que no contamina. El taller de cocina impartido por Javier Sánchez ha hecho que los niños aprendieran a preparar un menú a base de pasta, huevos rellenos y macedonia que más tarde han disfrutado con sus padres que, en su mayoría, asistían a otro a cargo de Antares Sánchez, de la Huerta de Aceibar, donde se han elaborado cremas naturales que tienen su punto de partida en plantas medicinales del entorno más próximo.
Luis Felipe ha estado también presente en las charlas que han ofrecido al público las profesoras de la Universidad de Zaragoza en Psicología Social y Ciencias de la Salud, Marta Gil y María Sierra. De las mismas ha destacado que «ha habido preguntas y mucho interés por algo tan cotidiano como la nutrición y las comidas diarias», que era uno de los objetivos de este programa al apostar por los productos locales y de temporada, junto a un consumo sostenible que lleva a reducir la huella alimentaria sin desperdiciar un tercio de los alimentos que se producen como sucede en la actualidad.
Este espacio dedicado a la divulgación lo han cerrado tres integrantes de la asociación de amas de casa y consumidores del Altoaragón con un recetario en la mano para cocinar con la comida que sobra y entre las que han ofrecido diez formas de utilizar el pan, por poner solo un ejemplo.
En otro espacio los miembros de la Asociación A Chordiga han acercado a los más pequeños lo que es la agroecología y la cantidad de formas y colores de unas semillas que a ellos les permiten la autogestión en la producción. Un grupo de niños se ha divertido durante casi una hora intentado adivinar ante qué tipo de verdura o hortaliza se encontraban jugando al ahorcado y el juego de la gallina ciega les ha servido para ir localizando algunos de los utensilios que se utilizan para el cultivo de la huerta.
Mientras desde Comercio Justo se ofrecía durante toda la mañana el denominado desayuno solidario y ponían a la venta sus productos cuyos beneficios revierten directamente en los productores de países en vías de desarrollo, en el Banco de Alimentos recogían lo que traían familias oscenses para paliar las necesidades de otras personas más desfavorecidas.

