La Iglesia de Barbastro-Monzón ha presentado en Barbastro su nueva estructura geográfica y pastoral, en un encuentro que reunió a unas 170 personas y sirvió para reflexionar sobre la misión compartida de la comunidad cristiana en el territorio.
El objetivo, según expresó el obispo Ángel Pérez Pueyo, es que “nadie se pierda” y que las campanas sigan sonando en los 250 campanarios de esta diócesis milenaria, mariana, misionera y martirial. Pérez Pueyo agradeció a los asistentes su compromiso, recordando que “todos formamos parte de la misma orquesta y estamos llamados a caminar juntos”.
La jornada, celebrada en el marco del proceso de reorganización pastoral iniciado en otros puntos de la diócesis como Benasque, Boltaña, Monzón y Graus, puso de relieve los desafíos de un territorio extenso y con baja densidad demográfica, y la necesidad de mantener viva la presencia de la Iglesia en cada rincón.
Testimonios y compromiso con el territorio
Durante la presentación, distintos testimonios evidenciaron el papel de la Iglesia en la vida social y espiritual de la zona, desde la evangelización y la atención a enfermos hasta la preservación del patrimonio y la memoria colectiva.
La responsable de Comunicación destacó la importancia histórica e identitaria de Barbastro como sede episcopal durante más de mil años.
El vicario de pastoral, Paco Cabrero, y la secretaria-canciller, Beatriz Mairal, explicaron cómo se ha estructurado la nueva organización en torno a las delegaciones de Anuncio, Celebración, Caridad y Comunión, que se distribuyen en cuatro arciprestazgos y ocho unidades pastorales.
El párroco moderador de la Unidad Pastoral de Barbastro, Omar Quilcaro, detalló el trabajo coordinado de los sacerdotes junto al Consejo de Pastoral y los animadores comunitarios, que facilitan la atención espiritual a todos los fieles, incluso en los núcleos más pequeños.
La fuerza del testimonio
Uno de los momentos más emotivos llegó con las palabras del claretiano Antonio Alcántara, capellán del Hospital de Barbastro, quien recordó que a todos nos une “la sed de esperanza y el deseo de ser acompañados”. Su intervención fue respaldada por María Ángeles, voluntaria que visita enfermos en el hospital dos veces por semana y que destacó la importancia del acompañamiento humano y espiritual.
Corresponsabilidad, jóvenes y futuro
La delegada de Celebración, Silvia Peropadre, explicó la labor de los 71 animadores de la comunidad, doce de ellos en la Unidad Pastoral de Barbastro. Ante varios alcaldes de la comarca, subrayó que en algunos pueblos pequeños “la visita del animador es la única que reciben”, reflejando la cercanía que la Iglesia mantiene con las comunidades rurales.
También intervinieron las jóvenes Vega y Daniela Sierra, que compartieron su experiencia durante el Jubileo de los jóvenes en Roma, vivido como un tiempo de gracia. Presentaron el proyecto de la Casa de la Iglesia, un espacio que ya es una realidad y que actúa como hogar y motor diocesano donde se imparten catequesis y se promueve la atención integral a las familias.
Patrimonio, obras y memoria viva
El encuentro dedicó una parte a la conservación del patrimonio diocesano, con ejemplos recientes como las obras en las cubiertas de la Catedral de Barbastro, la ermita de San Ramón o las mejoras en el Cementerio de Barbastro, llevadas a cabo por el Cabildo Catedral.
El voluntario Jesús Goicoechea y Teresa Peirón relataron estos trabajos, destacando el profundo respeto por la vida y el legado de “quienes nos precedieron”, un servicio silencioso pero constante de la Iglesia hacia la comunidad.
Colaboración con el territorio
El acto concluyó destacando los desafíos compartidos entre la Iglesia y las instituciones locales. Entre los asistentes se encontraban el delegado territorial del Gobierno de Aragón, el presidente de la Comarca del Somontano, varios alcaldes y concejales, el capitán de la Guardia Civil, las juezas de los juzgados de Barbastro y representantes de la Denominación de Origen Somontano, el Centro de Desarrollo del Somontano y diversas asociaciones.
El encuentro reafirmó la voluntad de la Iglesia Barbastro de seguir trabajando con todos los agentes sociales para mantener viva su misión espiritual, cultural y humana en el territorio.




