Manuel de la Hera Pacheco.- 16 Mayo 2014
Cádiz
Es cierto que hoy día hay una gran facilidad para conocer a muchas más personas que hace unos años. Hay medios de comunicación muy variados que posibilitan los contactos con personas muy lejanas, geográficamente, a nosotros con las que resulta posible entablar contactos para tratar muy diversas materias, desde las más corrientes a esas otras en las que hay que tener conocimientos más elevados. Eso y la facilidad de transportes hace que cualquier día podamos estar dialogando personalmente con alguien en Bruselas, en el curso de la mañana, y con otra u otras personas durante la tarde en Roma. La amistad ha extendido su radio de acción pero corre el peligro de ser ligera, como ligera es la posibilidad de movimientos y cambio de ambiente.
Esa variedad y velocidad, aplicado al conocimiento humano tiene, sin embrago, algún que otro inconveniente grave ya que, generalmente se trata en en esos encuentros de cuestiones importantes, sí, pero ajenas generalmente a lo que atañe a esa cualidad de nuestro sentir más profundo, eso que suele conocerse como verdadero afecto personal; cariño humano que tan necesario es para que toda persona sienta en lo más profundo de su ser ese algo especial que la verdadera amistad lleva consigo. Cualidad esa que se opone frontalmente al egoísmo, a la falta de consideración de todo lo que no suponga beneficio personal para uno mismo. La amistad puede presentar muy diversos grados y debe cuidarse con gran esmero para que produzca el bienestar que de ella se desea.
La amistad no se afirma en el trato del negociador a menos que exista en su alma la tendencia a considerar a su oponente como un ser humano que tiene sentimientos que hacen posible una disposición de su ánimo a considerar algo más que negociante en quién está tratando con él asuntos que, en el fondo, tienen un determinado valor humano. Difícilmente se encontrará un asunto que no afecte, de alguna forma, al sentir humano y, por ello, en todo trato de los que hoy día se hacen en el mundo es necesario tener en cuenta al ser humano – del lugar que sea -o en que habite – que está involucrado en esas negociaciones. Ser humano que puede ser el conjunto de una nación o de naciones. La consideración y estima del ser humano debe estar siempre presente en cualquier trato o negociación.
Nuestro tiempo está resultando muy difícil, muy complicado en las relaciones entre Estados y entre las personas de uno y otro lugar o de un mismo lugar en el caso de los países en los que hay una revolución que enfrenta a unos ciudadanos con otros. Es totalmente necesaria una revolución de la amistad; ¿por qué hay que considerar enemigos a gentes que en el fondo de su alma desean ardientemente vivir en paz? Hay que ver en cada persona a un alma que necesita la paz de la amistad sincera, de esa amistad que elimina cualquier otra consideración distinta a la entrega plena que nos transforma en servidores de los demás en lugar de pretender ser amo de nadie. La amistad, en definitiva, es y debe ser, siempre, servicio a todos los demás.
No es nada nuevo la necesidad de esa revolución; la del amor a la gente, a toda la gente cualquiera que sea su origen y sus circunstancias. ¿Por qué nadie se tiene que considerar con derecho a negarle a alguien la caricia de la verdadera amistad. la del deseo de servirle en lo que necesite?. ¿Es tan difícil ser seres humanos de verdad?. Toda persona tiene ante sí misma la posibilidad de hacer la revolución de la amistad. la posibilidad de llenar de amor toda cuanta labor deba llevar a cabo.



