El sector de las antigüedades se resiste a la crisis. Así quedó patente ayer en Barbastro en la V feria El Desván, un tipo de certamen denominado ‘desembalaje a pie de camión’ muy popular en el norte de España y sur de Francia. De hecho los veinte expositores que llenaron con sus objetos los 2.000 m2 del recinto ferial procedían de País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y del sur de Francia.
Los visitantes, que superaron el millar, han destacado en esta ocasión la calidad de las piezas expuestas y la buena relación calidad precio. El público ha podido descubrir interesantes colecciones y objetos, y no solamente antigüedades valiosas o de obras de arte, sino también de objetos cotidianos que marcaron una época o utensilios que, con el paso del tiempo, van tomando otra dimensión e importancia, y que se han convertido en piezas icónicas de una época.
Entre las mercancías hubo de todo. Objetos de coleccionismo, útiles del hogar, aperos de las tareas agrícolas, muebles de época, vajillas y cubertería elaborada a mano, cuadros del siglo XVI, esculturas del XIX, molinillos de café, cámaras de fotos, juguetes de los años cuarenta, indumentaria militar, relojes … El recinto ferial fue un auténtico bazar donde el cliente pudo llevarse objetos desde 20 a 2.000 euros.
Por su parte los expositores han valorado positivamente la afluencia constante de público, el interés que han despertado las piezas y el balance, en general, positivo de las ventas realizadas. Muchos repetían del año pasado y otros como el francés Andrés Ruchetón acudían desde el inicio de El Desván. «Es una feria interesante con muchos clientes que incluso me vienen a ver a Francia. Ellos están contentos con el género y compran.
Para mí es interesante venir todos los años porque al igual que los españoles vienen a Francia a comprar nosotros debemos de venir a Barbastro», explicaba.
De Tudela llegaba por primera vez Juan Manuel Alba quien se mostraba moderadamente satisfecho por las ventas realizadas. «Hemos traído un poco de todo para vender mucho. El nivel de ventas ha sido aceptable dentro de estos tiempos de crisis. No ha estado mal y la feria está bien y mientras siga de un día volveremos el año que viene», afirmaba.
La feria atrajo a un notable número de visitantes amantes de las antigüedades llegados de varios rincones de la provincia. La oscense Pilar Mengual considera que es una feria «muy buena y divertida. He venido con mi hija y nos encantan las cosas que hay. He comprado una muñequita de años cuarenta y una cajita con un bordado a mano. Lo bonito es buscar y encontrar algo que te apetezca y que no valga mucho».
Otros visitantes buscaban piezas de corte más rústico para decorar la casa del pueblo y otros acudían ya con ideas concretas en busca de esa joya única.
Para el barcelonés Alberto Mardas el público que acude a esta feria «entiende y ya viene informado. No sólo buscan lo económico sino que también quieren las piezas más exclusivas».


