Laura y Miguel iban paseando por la calle San Ramón de la mano, aunque era peatonal a Laura le
gustaba sentir esa pequeña manita agarrada a la suya. Le encantaba notar cómo sus pequeños dedos traviesos a veces jugaban con los suyos y percibir cada vez que tenía agarrada su mano, su calidez. y esa sensación que muchas veces recorría su cuerpo cuando pensaba que ese pequeño ser tenía algo de ella, que había estado nueve meses dentro de su barriga y que era lo más maravilloso que le había podido dar la vida.
La tarde de aquel día otoñal era de una temperatura agradable a pesar de las múltiples nubes que correteaban por el cielo a veces ocultando el sol, por eso Laura había decidido ir a pasear por el centro de Barbastro y llegar hasta el Coso, uno de los lugares favoritos de Miguel para hacer carreras y jugar.
A Miguel le gustaba esconderse tras lo enormes plataneros que flanqueaban el paseo para poder dar pequeños sustos a su madre. Muchas veces cogía sus cochecitos y los hacía correr por el nuevo embaldosado diciendo que si sus coches no corrían en él no era un buen embaldosado. Pero aquella tarde Miguel andaba más callado de lo acostumbrado, había cruzado ya la calle y comenzaban a pasear por el coso y él aún no se había soltado de la mano de su madre, a Laura eso le preocupó, no era habitual en su hijo ir tan callando por la calle y menos por el Coso.
» Al menos que…» pensó Laura mirando a su hijo…
En ocasiones, y cada vez era más frecuentes, Miguel se callaba cuando tenía curiosidad por alguna cuestión. A veces eran preguntas que a la misma Laura le costaba responder. Miguel tenía una curiosidad insaciable.
De reojo observó a su hijo, aparentemente miraba hacia adelante con la cabeza más bien alta, pero estaba segura que de un momento a otro, su hijo le sorprendería con alguna de sus inesperadas preguntas. Inmersa en esos pensamientos, no se dio cuenta de que Miguel la estaba mirando. Su pequeña y cálida mano estiró de la de su madre y mientras la miraba la llamó:
– ¡Mamá, mamá!… ¿por qué decidiste tener hijos?, ¿por qué quisiste tenerme a mí ? Mamá, ¿por qué las mamás quieren tener hijos?
Laura se paró estupefacta por la pregunta que su hijo le acababa de formular, siempre le había sorprendido sus preguntas, pero como esta no le había hecho ninguna.
» ¿Cómo puedo explicarle a eso a mi hijo?»- pensó preocupada mientras retomaban el paso y buscaba las palabras más adecuadas para que él lo entendiera.
Los grandes ojos de Miguel miraban a su madre con expectación y a la vez con una halo de misterio. Sus enormes ojos grises no la perdían de vista.
– ¡Verás!… comenzó su madre mirando directamente a su hijo- Cada mujer tiene diferentes motivos para tener un hijo, pero lo que nos une a todas es el amor que sentimos. Es como sentir el corazón lleno de amor, pensar que en algún momento se puede desbordar si no lo das. Es un amor muy especial, es un amor incondicional, un amor que solo tienen las madres por sus hijos.
Miguel volvió a estirar de la mano de su madre y le preguntó:
– Entonces, cuando tú decidiste tener, ¿tenías el corazón lleno de amor para mí?
El corazón de Laura se estremeció y su piel se erizó… al oír las palabras de su hijo.
– Sí, cariño, tenía el corazón repleto y lleno a rebosar. Además del amor que sentí, quería que nacieras para enseñarte lo bonito que es el mundo y volcarme en ti, como lo hago ahora, para enseñarte todo lo sé y cuando seas un hombre puedas andar por el mundo con la cabeza muy alta.
-¡Mamá!, sí yo ya ando con la cabeza alta como tu me enseñaste, así me caigo menos…. Me gusta mucho que tú seas mi mamá, y me gusta mucho también que decidieras tenerme… Te quiero, mamá, eres la mejor mamá del mundo.
Miguel soltó la mano de su madre y se marchó corriendo para esconderse detrás de un platanero.
Los ojos de Laura se humedecieron dejando dos hermosas lágrimas de amor en sus mejillas que corrían a su corazón.
Luisa Fernanda Barón Cuello
“Escribir es ejercer, a veces, el peligroso hábito de transcribir a corazón abierto y alma descubierta todo lo que mi imaginación crea. Y ella de momento no conoce límites”.


