La torre de la catedral de Barbastro, su piramidal y bello capitel de cerámica, aguanta el peso de varios nidos de ilustrísimas cigüeñas, en menor cuantía a los que hay en las cornisas de la catedral, cuyo número va en aumento. En Doñana un guardia me dijo que hay nidos de reverendas cigüeñas que pesan más de dos mil kilos…
Esos nidos son absolutamente respetados porque las honorables cigüeñas también lo están y de nada vale que la catedral de Barbastro también esté protegida por la ley del Patrimonio Histórico; pesa más el respeto al pájaro y su metálico crotar. Es una lástima que la catedral de Barbastro, tan bella y singular, no tenga ese grado de protección. La Dirección General de Patrimonio, tan rancia, queda genuflexa ante la progresista Dirección General de Pajaricos.
Hace unos años un americano que viajó por Europa hizo un bello reportaje fotográfico para su blog de tres catedrales europeas: la de Notre Dame de París, la de Chartres y la de Barbastro. Eran fotos impresionantes. Recuerdo que en el reportaje de Barbastro añadió una fotografía de aquella antigua verja de forja que había en la esquina de la plaza, tan bonita, entreverada de hiedra. ¿ Qué fue de aquella entrañable verja que suspiraba romanticismo?
Un nido de cigüeña sobre el alero hace un daño terrible, y no es sólo por su peso, sino por la humedad de la canalera taponada. El manchón del gran nido en el alero posterior del Ayuntamiento es muy ilustrativo, y a 15 metros de esa humedad está archivada la Carta Puebla que el rey Pedro I otorgó a Barbastro sobre el año 1100. Espero que esa humedad no traspase los muros, para extenderse por el ambiente de la planta alta y posare sobre el histórico pergamino de Pedro I, porque los hongos acabarían con esa joya de nuestra Historia local documentada.
El miedo a una multa de la DGA por molestar a las cigüeñas, el temor a la Dirección General de Pajaricos, parece acollonar al Obispado y al Ayuntamiento, y a todas las instituciones con mando en plaza que doblan su testuz, con reverencia, ante la mirada altiva de las respetabilísimas cigüeñas.
En lo que a mí respecta sólo veo en ellas lo que siempre he visto: un ave de paso, que antes llegaba para mi santo, y que ahora está todo el año dañando nuestro Patrimonio.





