El profesor universitario y sociólogo Espluga Trenc presenta El año que boicoteamos a Leonard Cohen,Manhattan, Berlin, Binéfar en la Librería Valentina Cancer de la UNED este jueves a las 19 horas.
El 20 de mayo de 1988 Leonard Cohen actuó en San Sebastián ante 900 personas en un concierto, según la prensa de la época, memorable y mítico. Veinte días después lo hizo en Binéfar antes 2500 personas y el concierto casi fue calificado de pinchazo. Según TVE el concierto aconteció en un pueblecito de Lérida, claro ejemplo de situación en la que es más ofensivo el diminutivo, esa infantilización afectuosa con lado oscuro a lo Ned Flanders, que la torpeza geográfica. Así las cosas había, habría, que aceptar que en las ciudades la organización de la vida es perfecta mientras en los pueblos bastante tenemos con no aburrirnos demasiado en una eterna cadena de días repetidos sin mayor aspiración que la de no morir de aburrimiento o de la coz de una mula. Por supuesto que esa mirada peyorativa ha sido construida especialmente desde el fuego amigo, desde la certeza de no tener nada que ofrecer salvo pintoresquismo y exotismo costumbrista y obviando, para más inri, el único ismo bueno, el surruralismo amanecista.
Como cuestionamiento de ese status quo intelectual, el sociólogo Josep Lluís Espluga Trenc ha publicado El año que boicoteamos a Leonard Cohen,Manhattan, Berlin, Binéfar, concienzudo análisis del 88 en Binefar tomando como hilo conductor el concierto de Leonard Cohen en ese lugar, contextualizando el particular momento histórico en el que un evento de tal magnitud es cuestionado por una sociedad que quería ser moderna, pero no sabía cómo. Desde un remedo de bienvenido Mr. Marshall en el que un concejal abandona el salón de plenos para hacer un instantáneo estudio de campo en la plaza de España binefarense y vuelve con un si fuera Sting, sí, hasta la apropiación del espectáculo por parte de ciertos sectores económicos, eminentes profesionales del postureo cuando aún se llamaba paripé.
El sociólogo Espluga disecciona esa sociedad y ese momento histórico, pasando de Bordieu a Siniestro Total, de los refractarios a los resignados, del sesgo de confirmación a la ceremonia de la confusión, explicando un tiempo en el que parecía que las contradicciones tendrían solución. Casi cuarenta años después se constata, una vez más, que cualquier ecosistema social puede resistir un relato o una fotografía, pero es incapaz de enfrentarse al espejo. La presentación de este brillante ensayo será la ocasión perfecta para preguntar de dónde hostias veníamos cuando podías ir a ver a Cohen en la Algodonera y preferías estar ladrando rencor por las esquinas. Menos mal que no había redes sociales, sería cosa de emigrar.


