La fe sigue viva en los pueblos de la comarca pese a la despoblación y la falta de sacerdotes residentes. Muchas parroquias del Somontano dependen de la diócesis de Huesca, que actualmente está en sede vacante, a la espera de nombramiento de Obispo titular, desde el 23 de diciembre de 2023, siendo su administrador apostólico el arzobispo Vicente Jiménez Zamora. Sin párroco fijo, la Diócesis ha organizado un grupo de sacerdotes que se turnan para atender las necesidades espirituales en las localidades.
Marcos Rivera, un seminarista nicaragüense de 30 años, es una de las personas que participa en esta labor. “Posiblemente mi destino sea esta zona. Sería lo ideal, me gustaría”, confiesa, pero esto dependerá de la decisión del futuro obispo: «Nosotros somos enviados y obedecemos». Desde octubre acompaña a un sacerdote mayor en la celebración de misas y celebraciones de la Palabra. “Uno a las diez, en un pueblo, y la celebración de la Palabra en otro. Luego, a las once y media, se celebra misa en otro pueblo, y Celebración en otro”, explica Marcos sobre el funcionamiento de los turnos. Las celebraciones de la Palabra no incluyen consagración del pan y el vino, pero sí oraciones, homilía, lecturas.
En esta realidad rural, la despoblación es un desafío no solo para la Iglesia, sino para toda la sociedad. “Nos enfrentamos a una España despoblada, donde las personas mayores, que son las edades más religiosas, van desapareciendo, y muchos jóvenes ya no quieren saber nada de la Iglesia”, reflexiona Rivera. “Pero al final, nosotros tiramos las redes, el que hace la obra es Dios”.
El convento de San Joaquín de Abiego es otro símbolo de esta realidad. Cerrado hace casi tres meses, ha recibido la visita de grupos de pastoral juvenil que han limpiado y evaluado su estado. “Tal vez no se pueda rehabilitar del todo, pero sí mantenerlo. Es un patrimonio que tenemos. No podemos construir un templo de cero, pero sí cuidar el que ya existe”, explica Rivera. Sin embargo, aún no hay una decisión clara por parte de la Diócesis sobre su futuro.
A pesar de los desafíos, Rivera destaca la entrega de los habitantes del Somontano. “Son personas generosas y comprometidas con la Iglesia. Aunque los pueblos estén despoblados, aquí la parroquia no es del sacerdote, sino de la gente. Nosotros estamos de paso, pero ellos son los que permanecen. La parroquia les pertenece a ellos, no a los sacerdotes”.
Marcos Rivera es un seminarista nicaragüense de 30 años que lleva un año en España. Ha terminado sus estudios y está a la espera de su ordenación como diácono dentro de la Diócesis de Huesca. Mientras la Diócesis define su futuro y el de los sacerdotes que la sirven, la vida en los pueblos sigue manteniendo su fe y costumbres. Y como recuerda Rivera con una sonrisa: “Invito a todos a venir a estos pueblos del Somontano, disfrutar de su gente y probar sus pastas, que son muy buenas”.


