Anna.
Tengo ya mas de 80 años me digo , y la vida se me ha ido en un soplo.Recuerdo en menos de un instante, todo lo que en mi juventud alocada e inabarcable me parecia como eterno.Un suspiro, quieto, sin dolor,- en el que siempre se diluyen los recuerdos-, mentiroso, en el que el tiempo es asimétrico, donde el sabor dulce de la nostálgia se pega tramposamente al cerebro y acude puntualmente a atormentarte.Y siempre el cielo sobre uno.Y todo el camino por delante.Lo peor de llegar a viejo no son los achaques, el desapego de los tuyos, la indiferencia de la gente, el ir perdiendo a los amigos porque se marcharon fuera o porque se acabó su tiempo, lo peor del inexorable paso de los días que te da la sabiduría, es que te lleva, casi con total certeza a la postración y al olvido de todo, como tsunami que arrojara a una atormentada y batida playa los despojos rotos, inidentificables de tu existencia, arrastrándolos al abismo oscuro de la memoria
perdida Pero la soledad mas cruda acecha en los recovecos de la consciencia que todavia te respeta, la que aun no te ha dejado y sientes el estigma de la culpa por sentirte vivo.Voces punzantes, algunas, apagadas la más, retumban en los oidos endurecidos de los viejos, con un rumor cálido de rumbo cambiante.Sus ojos que apenas ven ya, encuentran con angustia los del más cercano, intentando adivinar en ellos lo que sus inermes tímpanos ya no le transmiten.La herida se hace más cruda cuando constatas el injusto, acelerado desmoronamiento de tus queridos y conocidos.En Luis, mi nunca bien querido Luis, esto ha sido especialmente rápido.Hace pocos días le visité en lo que conocemos por residencia, y su deterioro desde la última vez, me resultó doloroso.Tras algun rato
de preguntarle, tocarle, acariciale la cara, sin que levantara la cabeza del regazo, una de las cuidadoras, que discretamente nos miraba, se acercó solícita, sonriendo:»-Abuelo,abuelo -gritaba con voz aguda de soprano-, soy Margarita, mira, mira quien ha venido a verte, el Sr. Blaaaasss-«, forzando aun mas la voz al pronunciar mi nombre.Tratando estaba aun de digerir que a él siendo mayor le llamara de tu y a mí de Vd., en lo que mi entrañable amigo giró minimamente la cara con el viso luminoso y esa sonrisa que nunca perdía, y sin aliento soltó: «-Margarita….,Margarita es nombre de vacaaaaa-«.

