Que nadie se tome cuanto sigue en este escrito de forma personal. Quien me conoce sabe que siempre me ha interesado mucho más el QUE que el QUIÉN, si bien desgraciadamente en muchos de nuestros pueblos de la zona oriental, para muchos sea más importante lo último que lo primero.
Me he puesto a teclear delante del ordenador (lo debería haber hecho mucho antes) después de encontrarme con un buen enfermero al que conozco desde hace muchos años (qué sería de nosotros sin estos/as excelentes profesionales), el cual me ha referido que el Hospital de Barbastro, el único que tenemos en la zona oriental, prácticamente se ha quedado sin servicio de urología.
Se han ido por malas condiciones laborales todos los doctores que lo atendían, y se ha quedado al frente exclusivamente el jefe del servicio. Es decir, en estos momentos estamos en manos de un solo especialista.
La noticia se junta con la supresión en horas nocturnas de la ambulancia con UVI móvil, o lo que es lo mismo si te dan un infarto ya te atenderá durante el camino el taxista o si tienes suerte y te traslada una ambulancia, el conductor.
Ambas noticias hay que ponerlas en relación, con lo que desde hacía mucho tiempo ya venía y viene sucediendo:
El Hospital de Barbastro, con la misma población asistencial a su cargo, sino más, que el de San Jorge en Huesca, tiene en médicos, especialistas o no, la mitad que este último y con enfermería sucede lo mismo.
Y ahora vayamos al grano con la primera pregunta. ¿Cuál es la primera necesidad de una población? Pocos dudarán que la salud ocupa el rango de mayor jerarquía.
Y sigamos preguntando: ¿A cargo de quién está el defender los intereses generales de una población, de cualquier población?
La respuesta es clara: nada impide, ninguna disposición legal lo prohíbe, que tu municipio vehicule, encauce y apoye las necesidades sanitarias de los vecinos, exigiendo al resto de las instituciones lo que corresponda para que estos sean atendidos.
Pues bien, mientras la salud y la atención disminuye y empeora día a día, no conozco a un solo alcalde de la zona oriental, y para que les voy a contar de nuestros diputados autonómicos o provinciales, que casi ninguno de ustedes los conocen, que haya movido un solo dedo en la materia que comentamos.
Que si mucho bolillo o crespillo por aquí, o templario a lo Mont Rodón por allá, o naves de multiusos a lo millonario y festejos de cualquier clase que no falten, pero cuando llega este asunto, donde hay que repartir puñetazos encima de la mesa y hacerse el antipático en las alturas, la gran mayoría con su secretario municipal al lado, ejerciendo de burócrata de primera división, acaba echando balones fuera con el consabido rollo que estas reivindicaciones exceden del marco competencial.
La ausencia en las responsabilidades de nuestros ediles es clara: nadie, hoy en día, quiere poner en peligro su carrera política, sobre todo en los partidos mayoritarios del régimen de 1978.
Se trata de no crear problemas en su empresa, léase partido. Y he dicho empresa porque he llegado a conocer a ciertos cargos que privado así llamaban al partido, no sin cierta razón. Las listas se hacen en las alturas y con estas siempre hay que estar a bien.
Si ustedes hace un examen de hemeroteca, comprobarán, tomando como referencia y partida aproximadamente los finales de primera década de este siglo, que a medida que nuestros ediles y alcaldes han ido cobrando más (tanto en número de perceptores, como en importes de cada uno de ellos) y se han ido profesionalizando, han venido asumiendo menos compromisos y riesgos a favor de sus respectivos pueblos y vecinos.
Señora y señores, ya basta de leguleyos de tercera y burócratas de quinta. Es hora de asumir responsabilidades y riesgos. Y sino, antes de presentarse, les cuentan a sus vecinos la singular interpretación del derecho administrativo que están dispuestos a aplicar (ninguna defensa fuera de las competencias objetivas de la Ley de Régimen Local, ningún riesgo político) y de paso- antes y no después- les dicen a sus vecinos el número de ediles que van a cobrar y el importe de cada uno de estas retribuciones.
Y digo todo esto, para que todos reflexionemos cuando venga a pedirnos el voto, en el circo electoral que se avecina
PD.- Cuando acabo de redactar estas líneas, me entero de la ponencia aprobada en las Cortes de Aragón para la reforma del estatuto, mediante la cual se aumentará el número de diputados autonómicos por provincia. Para esto sí hay dinero. Déjenme que haga un chiste: se trataba de una amplia reivindicación plenamente sentida por los aragoneses. Un clamor, silencioso, eso sí.





