Tras cumplir doce años al servicio de la parroquia de Monzón, mosén José Huerva, se despidió de su cargo una emotiva eucaristía el día del patrón de la ciudad del Cinca, San Mateo, ante una abarrotada catedral de Santa María Romeral. En una entrevista previa confesaba haber pasado «una semana muy mala de niervos, hasta la úlcera se me ha abierto. Me encontraba con la gente, con las abuelas por la calle y lloraban. Todo eso me crea dolor de corazón, porque las personas no somos piedras, y hay unas relaciones. Pero yo siempre antepongo el deber y nos debemos al obispo».
Desde sus vecinos y feligreses se despide «dándoles las gracias por lo bien que me han acogido y pidiéndoles perdón por lo que han tenido que sufrir, porque no somos perfectos».
José Huerva, que además es ecónomo de la diócesis de Barbastro-Monzón, asume a sus 61 años un nuevo reto, el de llevar las riendas de la parroquia alcoleana, localidad que le vio nacer y donde reside su madre. Pero sus doce años en Monzón, ciudad a la que llegó como párroco con 49 años, han dejado huella entre sus vecinos.
«Yo las entradas las tengo malas siempre en todos los sitios por mi carácter. Los que somos tiernos de corazón tenemos que protegernos a la hora de expresarnos con nuestro carácter seco. Pero creo que hemos hecho una gran labor, sobre todo con la restauración total de la catedral de Santa María en la que se han gastado dos millones de euros, 1.300.000 el Estado y el resto la parroquia. Yo espero haber llegado a los corazones de las personas, que es lo más importante», comenta.
Pero si la restauración de este templo, declarado monumento histórico artístico, ha sido su mayor logro material, en el campo espiritual destaca «entregar a la gente la vida de Jesucristo para que la viva con especial interés y profundidad. La religión es muy fácil, pero hay que vivir la experiencia del cristianismo profundamente, con los enfermos, con los jóvenes en la confirmación, y con la gente más cercana de la comunidad que han querido aceptar vivir el cristianismo con un compromiso social grande». En este sentido, considera como una de las principales joyas de la parroquia de Monzón el trabajo que durante estos años ha desarrollado Cáritas Diocesana con los más necesitados, así como la construcción del piso de la calle Sorolla donde se acogen a menores de edad procedentes de familias desestructuradas y se imparten talleres de formación para mujeres. «Cáritas es uno de los pilares más grandes. Los pobres, para mí al menos, son lo principal en la vida. Con Cáritas hemos luchado y hemos conseguido muchas cosas para atender a los pobres», recuerda con satisfacción.
Su carácter fuerte y su rotundidad a la hora de expresarse ha generado «que a algunas personas no le caiga bien de entrada, pero la gente que me conoce sabe cómo soy y que me gusta decir las cosas como son». Un ejemplo de su claridad han sido siempre las manifestaciones ‘sin paños calientes’ realizadas en relación a la devolución de los bienes, puesto que Lérida posee varias piezas de arte sacro de Monzón. «Todos sufrimos esa realidad. Ahora que estoy cerca del museo de Barbastro es muy doloroso ver que las piezas no están donde deberían estar. Creo que las piezas regresarán pero tarde», sentencia.



