Sí amigos, ayer sábado 30-5-2026, los de Marcha Nórdica de Montañeros de Aragón de Barbastro visitamos el valle de la Fueva, ese paraíso de hondas raíces medievales que tiene como referencia el “Muro” o fortificación que cedió en el siglo XII el rey Ramiro II el Monje a la Catedral de Roda de Isábena, de ahí lo de “Muro de Roda”. Pero su origen era anterior, a comienzos del siglo XI cuando el rey Sancho III el Mayor de Pamplona sembró el territorio sobrarbense de fortificaciones, torres y templos que luego cedería en herencia a su hijo Gonzalo.

Gonzalo es recordado en la puerta de la Iglesia de Santa María por medio de una roca con una espada clavada y con una inscripción en la base recordando a su rey de Sobrarbe, muerto prematuramente en 1044.
La excursión comenzó temprano, poco después de las 8 de la mañana y siempre bajo la amenaza de esta ola de calor inusual a finales del mes de mayo. Nuestros guías, Alicia y Luis, ella con raíces en el territorio, lo tenían todo muy bien planeado. Ya en vísperas de la cita hubo algún dato adelantado a los montañeros participantes que a mí, al menos, transmitió tranquilidad sobre el devenir de la jornada: -“el recorrido será muy sombreado”.

Y tanto….casi toda la jornada anduvimos un nutrido grupo de 31 integrantes cerca de los caseríos o aldeas diseminadas que conformaban el municipio de Muro de Roda percibiendo con mucha tristeza el abandono que se produjo en los años sesenta del pasado siglo. Pudimos recorrer los senderos que se conservan entre un frondoso bosque de carrascas…pero ahora viene el detalle que destaco en el título de esta crónica: eran antiguos caminos jalonados de muretes de piedra seca, e incluso a tramos, con restos de empedrado. En la aldea de Ministerio pudimos bajar al antiguo y único pozo del que se servían los lugareños por medio de cántaros. En este despoblado de Ministerio aún queda alguna casa con tejado de losas y alguna portada típica aragonesa con dovelas en arco de medio punto.

Resultó un placer poder adivinar esta red paseando por sus caminos y hacerlo en un ambiente fresco, aunque la calidez humana que caracteriza a esta sección de MAB flotaba en todas y cada una de las paradas contemplativas o en las explicaciones concretas de Alicia.
El destino final, nuestro Muro, es un promontorio rocoso muy elevado e ideal para su fin defensivo. Recorrer la base de su muralla, un encintado de sólo la mitad este del monumento pues en el lado opuesto la muralla era mínima y apoyada en una pared rocosa de muchos metros sobre el vacío que hacía de esta fortaleza un lugar inexpugnable.
La visita a las dos iglesias, la de Santa María y San Bartolomé consiguió transportar a todo el mundo a aquella lejana época en que un valle ancho y rico en campos de cultivo a los pies del “Muro”, se integraría en el incipiente Reino de Aragón en manos de su primer rey, Ramiro I.

Y como en todas las salidas, había una última aventura hasta cierto punto predecible pues se nos había advertido al comienzo de la excursión que los tres últimos kilómetros iban a ser en ascenso por una pista ancha y abierta al sol de mediodía.
No hubo problema, los alumnos del último curso de Marcha Nórdica tomaron la delantera y mostraron su dominio de la técnica haciendo que se acelerara el paso con mucho entusiasmo por alcanzar un recodo con sombra para reagruparnos.
Poco después, casi sin darnos cuenta, estábamos de nuevo en el punto de partida y con ganas de felicitar a nuestros guías por la estupenda experiencia que acabábamos de vivir…


